Dichos y hechos

El presidente de la República ha reconocido derechamente que el "gobierno tiene que empezar por aceptar sin vueltas, sin excusas, que tenemos problemas en nuestra enseñanza".

Sus afirmaciones se refirieron a un episodio concreto: la cantidad de jóvenes que se presentaron para inscribirse en los cursos del Ciclo Básico Tecnológico de UTU. El País del 24 de diciembre informó que se habían anotado 21.000 estudiantes en el total de las opciones que ofrece UTU, incluyendo las que no tienen cupo. Lo acontecido tiene dos facetas. Por una parte, es una señal de las limitaciones de la enseñanza pública (el sistema no fue capaz de responder eficazmente a una creciente demanda por los cursos tecnológicos de UTU). Por la otra, es un síntoma positivo: son muchos los jóvenes que se esfuerzan en estudiar y mejorar sus calificaciones. Como observó el presidente, el episodio "es una señal orientativa que nos está dando nuestro pueblo: necesitamos conocimientos y destrezas útiles que nos permitan ganarnos la vida con dignidad ya, no para algún día".

Es cierto que, como dijo Mujica, "todos los caminos que ayuden o que puedan servirnos para tratar de mejorar el nivel de vida de nuestra sociedad, tal vez ninguno sea tan eficaz como la multiplicación de la capacidad de nuestra gente" y que este es el "camino más lógico en la construcción de sociedades más equitativas".

Pero, ya hemos pasado la (demasiado) extensa etapa de los diagnósticos. Es la hora de los hechos. Y aquí el presidente encontrará que las fuerzas conservadoras más poderosas que se opondrán al desarrollo en ese sector de importancia esencial para el progreso y la justicia social, se encuentran en su propia coalición.

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