El encuadre
Sumergido en una marea de conflictos, Mujica abandona su perfil dialoguista y busca mostrar que también puede ejercer la autoridad.
por Martín Aguirre
Diciembre ha sido un mes bisagra para el gobierno. Con el final del primer año de la administración Mujica hay señales que parecen marcar un cambio de actitud ante la ola de conflictos gremiales que paralizan al país. El frenazo en casos emblemáticos como el de los anestesistas, Aduanas o la Intendencia de Montevideo, y el endurecimiento general del discurso oficial, generan la incógnita de si estamos ante un nuevo paradigma en la relación del gobierno con los distintos actores sociales.
"El país no es un cuartel o una estancia", decía Mujica a fines de noviembre, cuando el malhumor popular por la ola de huelgas, llevaba a los dirigentes de la oposición a reclamar una actitud más firme del gobierno. "Hay una grave confusión conceptual, el confundir gobernar con mandar", afirmaba el presidente entonces. "Hay que decidir convenciendo, y persuadir a la mayoría. No vamos a ser un pachecato de izquierda". Esta actitud fue la misma que el mandatario sostenía desde su asunción, cuando dijo que buscaría el diálogo por encima de todo.
"El gobierno cede para evitar más conflictos", titulaba la edición de El País del 30 de noviembre, donde se mostraban casos como los de los funcionarios judiciales, de las fiscalías y de OSE que consiguieron sus peticiones a último momento cuando se preparaban para radicalizar sus conflictos. También estuvo el ejemplo del INAU, cuyos empleados recibieron un aumento salarial del 25%, mientras su principal dirigente, Joselo López, fungía de azote gubernista desde COFE.
Pero los tiempos fueron cambiando. La batalla sindical en ocasión de la discusión presupuestal, con un proyecto oficial que según el gobierno es "el más generoso de la historia", generó un tenso clima social. Eso quedó patente cuando la encuesta de la empresa Cifra difundida a fines de noviembre mostró que si bien la popularidad del presidente seguía alta, el apoyo a su gestión había caído 8 puntos, y uno de los rubros donde esa tendencia se marcó más fue en la relación con los sindicatos.
Los primeros en salir a aprovechar la situación fueron los líderes de la oposición. El ex presidente Lacalle sostenía en una entrevista que "Mujica se quedó por el camino" y que "no asume del todo que gobernar es mandar. No mandonear ni autoritarismo, sino ejercer la autoridad". En la misma línea se expresaba el senador Larrañaga, quien ha sido apoyo del gobierno en varios temas sensibles. "Es preocupante la permisividad del gobierno ante la agresividad de algunos sindicatos, están reventando al país y tomando la gente de rehén. El gobierno está durmiendo con sus enemigos".
Un momento clave para analizar el aparente cambio de rumbo del gobierno fue el viaje a España que hizo el presidente Mujica a fines de noviembre, a cuyo regreso admitió cierto agotamiento con el panorama de agitación gremial, al señalar que el mismo "afecta el clima de viabilidad del país". El 2 de diciembre comenzó a expresarse en hechos, con el decreto que prohibía la ocupación de oficinas públicas. Días antes ya había esbozado una actitud similar al ordenar que empleados no huelguistas y becarios cumplieran las tareas de Aduanas, afectada por una huelga que llevaba cuatro días paralizando el comercio exterior. Eso le generó duras críticas de parte de los gremialistas, y hasta del Pit Cnt, cuyo coordinador Juan Castillo sostuvo que el gobierno fomentaba "la carnereada".
El 8 de diciembre la Intendencia de Montevideo, con fuerte apoyo del gobierno, decretaba la esencialidad de la recolección de basura, y enviaba a los militares a cumplir esa tarea, un verdadero impacto, teniendo en cuenta la carga ideológica de muchos dirigentes de esta administración. Y el 14 de diciembre se declaraba la "emergencia sanitaria" ante el conflicto con los anestesistas que había generado miles de atrasos en operaciones en salud pública. El ministro Brenta explicitaba la nueva posición oficial señalando que "los derechos deben ejercerse con libertad siempre y cuando no se afecten derechos de otros".
¿Estamos entonces ante un verdadero cambio de rumbo en el mandato de José Mujica? ¿Será el final del clima de mano tendida a los gremios y de diálogo a cualquier precio?
Se trata de algo difícil de pronosticar. Pero teniendo en cuenta la escasa popularidad que tienen hoy los sindicatos, que según encuestas generan desconfianza en el 62% de los uruguayos, puede ser una maniobra inteligente del gobierno para recuperar imagen. Hay que tener en cuenta que según esas encuestas, la gente ve un gobierno que habla mucho y hace poco, sobre todo en áreas como la seguridad pública. Mostrar firmeza y una actitud proactiva en un área como la conflictividad gremial puede ser una medida útil para frenar esa incipiente hemorragia de apoyo popular que viene sufriendo ya en su primer año la administración de José Mujica.
Frase I.
"El país no es un cuartel o una estancia. Es una sociedad democrática llena de intereses contradictorios". (28-11-10)
Frase II.
"El FA debe enterrar sus sectarismos y unirse para salvar al pueblo de esta pesadilla de una práctica sindical que no tiene límites para los sacrificios que le impone a la gente" (11-12-10).