Crecen ocupaciones de terrenos en Buenos Aires

La usurpación de terrenos comenzó con un cuchicheo que atravesó Ciudad Oculta, uno de los barrios marginales más antiguos de Argentina: la gente está demarcando lotes de viviendas en un gran parque de la ciudad.

Eso es lo que hicieron una semana atrás miles de habitantes de ese y otros barrios carenciados, invadiendo el Parque Indoamericano.

Mientras los políticos se culpan unos a otros de la ocupación ilegal de terrenos y la Policía se abstiene de actuar, esa ocupación produjo un efecto dominó: una media docena de nuevas villas miserias estarían por nacer en predios privados y públicos de Buenos Aires y su conurbano.

Medios de comunicación han difundido imágenes de nuevas tomas de tierras, protagonizadas en muchos casos por inmigrantes de países limítrofes. Estas ocupaciones han enfurecido a los residentes de zonas aledañas.

Mientras, las autoridades nacionales y capitalinas, de distinto signo político, ordenan a sus fuerzas policiales no reprimir y se responsabilizan mutuamente de la situación, que ha generado episodios de violencia.

En el caso del Parque Indoamericano, los vecinos de esa área del suroeste de la ciudad se armaron e irrumpieron en el predio ocupado. Prendieron fuego a las carpas allí instaladas y profirieron cantos racistas.

Los ocupantes se defendieron y tres de ellos murieron: dos bolivianos y un peruano. ``Es una situación fea´´, dijo la argentina Estela Gómez, de 42 años, quien comparte dos habitaciones con sus 18 hijos y nietos en Ciudad Oculta.

Su familia ha delimitado en el parque un lugar a la sombra de unos eucaliptos que son tan altos como los precarios edificios de cuatro plantas que se amontonan junto a las autopistas de otros sectores de la ciudad, prueba de otras batallas perdidas contra los asentamientos ilegales. ``Exigimos un techo digno´´, afirmó Gómez. ``La idea es que nos den tierra en otro lugar´´.

Los ocupantes ilegales reclaman la entrega de subsidios o un terreno propio donde construir, anteponiéndose a miles más que también carecen de un techo.

Estas ocupaciones ilegales -inicialmente alentadas por activistas que operan en los márgenes del Partido Justicialista (peronismo)- son una prueba para la presidenta Cristina Fernández, una militante izquierdista, tal como ella se define.

La mandataria acusa al conservador alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, de negarse a dialogar con los ocupantes. El enojo en torno a la invasión de terrenos también refleja la inquietud de muchos argentinos con los cambios sociales de los últimos años.

Ni las autoridades nacionales ni las capitalinas desean ser responsabilizadas de represiones sangrientas a la hora de desalojar los predios ocupados, por lo que las fuerzas policiales se limitan a evitar enfrentamientos violentos entre ocupadores y vecinos.

AP

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