La vastedad, gravedad y hasta la irritante simplificación argumental que implica la actual situación conflictiva en el área laboral, nos impulsa a reiterar y ampliar las reflexiones ya brindadas sobre el tema. De la vastedad del mismo, nadie puede tener la más mínima duda: siempre hay numerosos conflictos en marcha y varios más en puerta, al punto tal que, cuando se escribe sobre los mismos, se corre el riesgo que, al publicarse, esas líneas ya no comprendan la totalidad de los paros, huelgas, ocupaciones, movilizaciones y piquetes vigentes en el momento en que fueron redactadas. Siempre hay un conflicto nuevo.
Tampoco se pueden tener dudas sobre la gravedad que tiene esa conflictividad orgánica y permanente. Es que se han paralizado servicios esenciales y ello ha ocurrido así tanto en áreas que involucran al ciudadano común y corriente como en la atención de la salud pública y privada, el sistema bancario, las exportaciones e importaciones, la educación y, aún -lo que constituye el colmo de los colmos- con la ocupación, inconcebible, de la Suprema Corte de Justicia.
En cuanto a la simplificación argumental exhibida en estos casos, está claro que estos procedimientos de lucha mantienen esa tónica por su verborragia insubstancial, callejera, por adoptar el lenguaje del grito y por invocar, siempre consignas -no conceptos- que vienen del siglo XIX y que reducen todo litigio social económico a la lucha de clases, a la explotación del trabajador, todo ello, por supuesto, dentro del marco que impone un imperialismo atentatorio de la voluntad popular...
En función de ese arsenal argumental, perimido desde hace generaciones, los sindicalistas profesionales utilizan supuestos procedimientos democráticos -tergiversados en la realidad de los hechos- que los lleva a creer y a hacer creer que tienen el derecho de sobreponerse a la voluntad -esta, sí, libre y legítimamente constituida- de quienes encarnan a los tres Poderes del Estado. Pero, ¿en qué gremio el voto es obligatorio, para poder alegar que sus dirigentes son representativos de la voluntad de sus integrantes? Y aunque lo fueran sus Comisiones Directivas, Plenarios, Asambleas y Congresos, ¿cómo puede arrogarse el derecho de adoptar resoluciones que afecten la vida y los intereses de la mayor parte de la población?
"Poder Judicial Ocupado", como reza la cartelería de los huelguistas. Significa lo mismo que ocupar el Palacio Legislativo u ocupar la sede del Poder Ejecutivo, incluida la Presidencia de la República. Significa que el Poder Sindical se entromete en la justicia, en su máxima encarnación, y que se burla de la separación de Poderes, esencia irrenunciable de la democracia.
Significa que algo huele mal en nuestro sistema. ¿Qué nos queda por delante? ¿Que un sindicato de soldados rasos o de alférez o de oficiales superiores -siguiendo el criterio adoptado por sindicalistas profesionales durante décadas ocupe los cuarteles y decida, por sí y ante sí, cuestiones propias del Parlamento del Poder Ejecutivo o del Poder Judicial para, luego, condenar ese acto como dictatorial? ¿Es que no tiene límites, dentro de una democracia que se respete, este sindicalismo mal entendido? "Dejad hacer, dejad pasar" parece ser la norma imperante hoy en día.
Nuevamente tenemos que recordar -y someter al juicio de nuestro tiempo- las ideas de F. Fukuyama, su optimismo: uno de los últimos triunfos del sistema democrático fue el de imponerse a las "democracias" populares sovietizadas. Pero ahora debe enfrentarse a las democracias sindicales. ¿Triunfará una vez más? Esperemos que la respuesta sea positiva. Este desafío debe encararse decididamente mediante el ejercicio de la responsabilidad que le compete a todo el cuerpo político, consciente de la importancia de que está en juego, a corto plazo. Pero, concomitantemente, es a través de la educación donde habrá que empezar a perfeccionar nuestra democracia inculcando el respeto a los derechos individuales y sectoriales pero, al mismo tiempo, infundiendo que aquellos derechos deben subordinarse a los derechos integrales de una sociedad abierta y libre.