Cuando Britney Spears estuvo en su peor momento físico, pasada de kilos, con problemas psicológicos y poca exigencia por su falta de giras y recitales, los paparazzi se desvivían para conseguir una foto de su celulitis. Por supuesto que la consiguieron, capturándola in fraganti durante unas vacaciones en la playa. También le pasó a Jennifer Love Hewitt, chica muy linda a la que los fotógrafos quisieron destruir cuando fotografiaron, también en una playa, destacando su celulitis.
Las cámaras no perdonan.
No es raro encontrar por ahí noticias con fotos que pretenden mostrar que las celebridades de imagen intachable, tienen notorios defectos físicos. Así hemos visto fotos de Angelina Jolie o Madonna luciendo sus huesos o arrugas, aunque nunca sabremos del todo qué tan auténticas son esas imágenes. Hay algo de maldad en todo eso, permitido fundamentalmente porque quienes las publican no tienen contacto con esas figuras. A la revista People, por ejemplo, que suele hacer buenos negocios en cuanto a asegurarse notas en exclusivas con los famosos, no le sirve intentar destruir de forma barata la imagen de las estrellas que más réditos le pueden dar. A los medios que no llegan a ellos, no les importa ganarse su enemistad, porque las fotos, reales o trucadas, les aseguran lectores o clicks. "Hollywood no perdona que seas fea o gorda", dijo Eva Mendes hace un par de días. Y tiene razón, aunque viva de su imagen de latina apasionada y voluptuosa.
Si cambiamos de región y viajamos al Río de la Plata, o miramos más hacia lo que tenemos cerca, encontraremos una realidad distinta. Graciela Alfano, Moria Casán o Susana Giménez no están en posición de competir de verdad con las vedettes de menos de treinta. Sin embargo no hay medio que se atreva a fotografiar sus arrugas. Los que trabajan con la farándula necesitan contar con ellas, aunque sea para que les den dos minutos de entrevistas. La distancia aquí es mucho menor.