Un líder que logró recuperar la autoridad del Ejecutivo

El adiós a Kirchner. El ex presidente inició su carrera de joven Su salud siempre fue débil Su estado empeoró con el estrés del cargo

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BUENOS AIRES | LA NACIÓN / GDA

Nacido el 25 de febrero de 1950 en Santa Cruz, Néstor Kirchner fue el primer presidente patagónico en la historia del país. Militó en la política y ejerció el poder con énfasis, por momentos hasta el desenfreno, lo que repetidas veces afectó su salud.

La primera alerta sonó la noche misma de su despertar político, en septiembre de 1987. Cuando supo que había ganado la intendencia de su Río Gallegos natal por apenas 111 votos, se desmayó, fruto del estrés y del agotamiento.

Para entonces, ya era abogado por la Universidad Nacional de La Plata, donde se recibió en 1976. De esa ciudad retornó al Sur casado y militante. En La Plata se sumó a la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN) -con Carlos Kunkel y Carlos "Cuto" Moreno como referentes- y conoció a Cristina Fernández, con quien se casó, en mayo de 1975.

Kirchner sumó dinero con una convicción: lo mejor para hacer política en serio, solía repetir, era contar con cierta independencia económica y el control de "la caja". Una premisa que aplicó como intendente, gobernador y presidente.

En 1991 asumió como gobernador de Santa Cruz, tras vencer por apenas 3.000 votos al segundo candidato peronista. Luego reformó la Constitución provincial, para un segundo mandato en 1995 y, después, la reelección indefinida.

Para entonces, ya tenía dos hijos, Máximo (1977), luego creador de la agrupación La Cámpora, y Florencia (1990).

Sus opositores le enrostraron aristas hegemónicas: colonizar el Poder Judicial (con la destitución del entonces procurador Eduardo Sosa, en 1995, o el nombramiento de Carlos Zannini como ministro de la Corte), someter a la prensa local y perpetuarse en el poder con reformas que perjudicaron a las minorías.

El año 1995 le aportó otro traspié en su salud. Según su esposa, sufrió una úlcera sangrante, lo que desmintió luego su médico. Pero un año después, en 1996, le diagnosticaron colon irritable.

Los tiempos políticos comenzaron a acelerarse a medida que la Alianza enfilaba hacia el abismo. En 1999, Kirchner ganó su tercer mandato como gobernador y trabó relación con quien sería su jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

En mayo de 2003, tras acordar con Duhalde, el patagónico llegó a la Casa Rosada con el 22,24% de los votos, después de la deserción de Menem al balotaje. Se puso como objetivo recuperar la autoridad presidencial y controlar la calle, evitando la represión y negociando con piqueteros y gremios, al tiempo que levantaba la bandera de los derechos humanos.

Al frente de la Casa Rosada, se lanzó contra los actores más desgastados de los 90: Menem, el FMI -con el que canceló toda la deuda- y la Corte Suprema de la "mayoría automática", a la que decidió enfrentar en una apuesta de alto riesgo que le aportó crédito social.

Su ejercicio confrontativo del poder -que incluyó diatribas contra las Fuerzas Armadas, el campo, la Iglesia, los empresarios y, por último, la prensa- también desgastó su salud. En 2004 padeció gastroduodenitis hemorrágica; en 2005, tras la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, que lo enfrentó con el presidente George W. Bush, tuvo dolores en el pecho, y en 2006, se desmayó.

Su estilo mutó por otro más sanguíneo cuando Cristina Fernández lo sucedió en la Casa Rosada. Pero mantuvo inalterable su ritmo de trabajo, que sus colaboradores definían como "agotador" o hasta "desenfrenado". En febrero y en septiembre de este año sumó más percances de salud. Pero dos días después del último, participó de otro acto proselitista.

Su velatorio fue en la Casa Rosada, símbolo del poder presidencialista que bregó por reconstruir.

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