BRASILIA | AFP, AP Y EL PAÍS DE MADRID
Dilma Rousseff, la candidata elegida por el presidente más influyente de América Latina, se consagrará esta noche como la primera mujer en dirigir Brasil, el país más grande del continente. El resultado de la segunda ronda electoral es más que previsible y la sorpresa del día puede estar en la elevada cantidad de abstenciones que puede tener la elección.
El desencanto cunde entre los 135 millones de electores brasileños convocados a las urnas para sustituir al popular y carismático presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se despedirá de la titularidad del Ejecutivo el 31 de diciembre con 80% de popularidad. Las encuestas vaticinan un triunfo de la candidata Dilma Rousseff por 56%, ante un 44% que obtendría el socialdemócrata José Serra.
Los expertos también señalan que habrá en la jornada de hoy una considerable abstención que responderá, principalmente, al hecho de que la elección ya está laudada, después que en la primera ronda la oficialista acariciara la presidencia directa con el 46,9% de los votos. En ese momento Serra obtuvo el 32,6% y sólo una catástrofe puede hacer cambiar la situación.
Por otra parte, la agresividad que adoptó la campaña, especialmente en su última semana, hace suponer que la cifra de votos inválidos será superior a la registrada en elecciones anteriores: esta semana el porcentaje de indecisos creció de 4% a 7%, según un sondeo del instituto Vox Populi.
Los dos candidatos se olvidaron de sus programas o se los fueron copiando descaradamente para hacer una guerra de biografías: la inexperiencia política de Dilma Rousseff, que nunca había disputado unas elecciones, y la de José Serra, con 50 años de vida pública a sus espaldas. En la confrontación se desencadenó una campaña agresiva y hasta violenta físicamente, con el ataque a Serra en Rio de Janeiro por parte de los militantes del partido de Rousseff, el PT. Los programas de televisión y los debates públicos se convirtieron más que en la presentación de propuestas concretas en insultos recíprocos, con acusaciones de corrupción y descalificaciones de todo tipo.
El lunes Serra y Rousseff debatieron ante las cámaras, en un encuentro donde los programas de gobierno fueron discutidos apenas muy superficialmente y donde primaron las acusaciones de mentirosos, de desconocer la realidad del país, de proteger auxiliares acusados de corrupción y de apropiarse de proyectos ajenos, entre otras gentilezas.
Durante todo el debate Serra insistió en que Rousseff cambia de opinión según la conveniencia electoral y afirmó directamente que miente y manipula las cifras y realizaciones del gobierno de Lula.
Rousseff no fue menos, y acusó a su oponente de insistir en atribuirse iniciativas elaboradas por otros y engañar a los electores sobre su programa de gobierno, en particular en lo que se refiere a privatizaciones en el sector petrolero.
"Dilma está envuelta en todo tipo de problemas y por eso inventa acusaciones", insistió Serra. La oficialista le respondió de inmediato diciéndole que "trata de engañar a la gente cuando no sabe qué responder".
"Sería bueno mantener un cierto nivel en el debate. La autosuficiencia y la soberbia nunca conducen a buenos resultados. No se gana un debate ni se gobierna con desdén", dijo Rousseff en uno de los momentos más tensos de la discusión.
El politólogo Ricardo Guedes, director del Instituto Sensus, consideró que en el primer turno los mensajes negativos perjudicaron a la candidata oficialista, que perdió apoyo en la recta final, pero que el juego se equilibró en esta campaña previa a la segunda ronda, donde los seguidores de Rousseff intensificaron los ataques contra Serra.
"Eso llevó a que los temas emocionales y mensajes negativos perdieran impacto y volvieran a tener fuerza los temas racionales, como la situación de la economía", comentó Guedes. Así, dijo el politólogo, volvió a pesar en la conciencia del votante la situación positiva de la economía, con un crecimiento proyectado en más de 7% para este año y un desempleo de 6,2%, el más bajo del que se tienen registros en los últimos ocho años.
Los artistas e intelectuales que en un primer momento habían declarado su voto a favor o en contra de alguno de los candidatos finalmente dieron marcha atrás anunciando que anularán sus votos. Y otros tuvieron que salir a desmentir lo que se decía de ellos, en una campaña donde también pareció que valió hasta la mentira. Por ejemplo, el equipo de Rousseff colocó en las listas de los artistas e intelectuales que la apoyan nombres de famosos como el del mayor poeta vivo, Ferrera Gullar o el de la más famosa escritora de literatura infantil, Ruth Roche, y después se confirmó que esto no era así y que tales personalidades no eran afines a la candidata. También llegaron a Serra mensajes de apoyo de la ex candidata por el Partido Verde Marina Silva, cuando en realidad la ecologista declaró públicamente su neutralidad y la de su partido.
Por otra parte, al desencanto generado por las carencias de la campaña se suma un puente de cinco días que une la festividad de los difuntos con el día de los funcionarios públicos. Los analistas consideran que esto repercutiría en que, sobre todo en las grandes ciudades, cantidad de electores dejarían de votar.
BALOTAJE. Lula quiso convertir estas elecciones en un plebiscito que comparase sus logros de ocho años de gobierno con el pasado y el eslogan que prestó a su candidata fue que los electores tendrían que decidir entre el progreso y el atraso, entre seguir su camino o volver atrás. Es en gran medida gracias al mayor compromiso de Lula con su delfina que Rousseff logró de cara a las elecciones de hoy recuperar terreno.
En la primera ronda la ecologista Marina Silva había logrado romper con este plebiscito y cosechar 20 millones de votos, pero ahora volvió el fantasma del balotaje, entre el antes y el después.
Últimamente el mandatario ha tenido más apariciones en actos públicos, aumentó su participación en la propaganda de radio y televisión y sostuvo encuentros con aliados para decidir el rumbo de la campaña.
"Lo que le permite a Dilma seguir en esa ventaja es que Lula se arremangó y fue a la calle a defenderla. Esos votos no le pertenecen a ella, le pertenecen a Lula", explicó el historiador y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Pernambuco Michel Zaidan.
Claro, la participación del presidente irritó al aspirante rival, Serra, y provocó críticas de columnistas de los grandes diarios brasileños, generalmente identificados con el candidato de la oposición. También el propio opositor se lanzó contra el presidente, a quien acusó de "pasarse del límite" y "abandonar el gobierno".
"No hay en el mundo ni en la historia de Brasil un ejemplo de ese tipo que haya funcionado, en que un presidente abandona el gobierno para elegir a su sucesor y después permanecer gobernando en la sombra", declaró Serra esta semana en Recife, un bastión oficialista. A partir de esta noche comienza un período de cuatro años donde los dichos de José Serra serán puestos a prueba.
JOSÉ SERRA
Un líder que hoy se inmortaliza en la presidencia o se retira como político
José Serra lleva muchos años contemplando la presidencia y hoy llega, por fin, a la apuesta clave de su vida. Con más de 50 años de carrera política, se juega todo por el todo: a sus 68, una derrota frente a Dilma Rousseff puede significar su fin como uno de los políticos más influyentes que ha tenido Brasil en las últimas décadas.
En su entorno personal aseguran que la derrota o victoria de hoy no será para Serra una más, sino la definitiva. Si gana, porque habrá alcanzado, por fin, su meta. Y si pierde, porque es difícil que recupere el mando en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), donde otros candidatos esperan.
Serra estuvo relacionado durante toda su vida con la izquierda. Con 22 años, al poco del golpe militar de 1964, se marchó al exilio, primero a Bolivia y luego a Chile, donde consiguió acabar sus estudios, se casó con una de las estrellas del ballet del Teatro Nacional y comenzó a trabajar en organismos próximos al presidente Salvador Allende.
El golpe de Pinochet le llegó cuando tenía 31 años y dos niños. Fue internado en el Estado Nacional de Santiago, pero salió en libertad y se refugió en la embajada de Italia, trampolín a Estados Unidos.
Cuando regresó a Brasil, con un máster en Economía y una voluminosa agenda de contactos, tenía 36 años y seguía exhibiendo una inconmovible vocación política, que pronto conectó con la de Fernando Henrique Cardoso, con quien creó el PSDB.
En el establishment lo prefieren porque creen que es más flexible que Lula o que Dilma respecto a la función del capital privado. Y seguramente también les aproxima que se haya mostrado crítico hacia la política exterior de Lula, especialmente frente a sus relaciones privilegiadas con la Venezuela de Chávez o el Irán de Ahmadinejad. Seguramente comprende mejor que Rousseff los intereses de las grandes finanzas o la gran industria del poderoso Estado de Sao Paulo.
Finalmente, hay otro rasgo que aproxima a Serra al establishment: su público catolicismo, que comparte con Lula pero no con Rousseff, con quien pelea hoy los votos de un país con un profundo sentimiento religioso.
Pase lo que pase, se inmortalice como presidente o se retire como político, Serra ya será recordado por haber tomado dos decisiones importantes. La primera fue rechazar con toda firmeza la oferta de Fernando Collor de Mello para que se hiciera cargo de la cartera de Economía: al final el presidente acabó su mandato sometido a un juicio parlamentario por delitos de corrupción. La segunda, haber sido ministro de Salud en la época de Cardoso, donde se atrevió a enfrentar a los grandes laboratorios y lanzar una ley de genéricos que permitió abaratar muchos tratamientos médicos y, sobre todo, combatir con modernos retrovirales el incipiente sida.
DILMA ROUSSEFF
Una funcionaria muy eficiente que fue perfeccionada por el presidente Lula
De carácter extremadamente reservado, trabajadora infatigable e implacable con sus colaboradores, Dilma Rousseff era, hasta hace poco, una perfecta desconocida para los brasileños.
Pero el destino quiso que se cruzara en su camino el hombre más conocido del país: Luiz Inácio Lula da Silva, un encantador de serpientes capaz de transformar en un diamante electoral a una rocosa funcionaria sin maña alguna para seducir a las masas.
Como por arte de magia, esa funcionaria eficaz, capaz de asumir la gestión de cientos de proyectos gubernamentales, se presentó como "la madre de Brasil". Gracias a las artes de Lula, Rousseff ahora es simplemente Dilma.
Su transformación salta a la vista. Pero no todo el éxito es de Lula. Dilma también ha puesto su granito de arena. Quienes la conocen aseguran que su capacidad para adaptarse también ha influido en ese cambio.
Colaboradora fiel de Lula, Rousseff habla el mismo lenguaje político que el mandatario. No en vano el continuismo fue el término más repetido en su campaña. A falta de un programa de gobierno concreto, algunos analistas la definen como intervencionista, por su rechazo a lanzar los ajustes que piden los empresarios.
A los 16 años Dilma ya formaba parte del grupo de extrema izquierda Política Operaria. Cuando cayó presa, en enero de 1970, los militares sólo pudieron acusarla de "subversión", al no obtener ninguna evidencia de su participación en atentados. Durante los dos años que pasó en prisión, sufrió torturas y vejaciones, como otros militantes de izquierda. Cuando recuperó la libertad, Rousseff retomó los estudios de economía y se asentó en Porto Alegre.
Su gestión al frente de la Secretaría de Minas y Energía del gobierno de Rio Grande do Sul llamaría la atención del presidente Lula en 2003. El ex sindicalista quedó cautivado por una mujer que aunaba a sus dotes de buena gestora la "sensibilidad social" que tanto valora.
Desde la jefatura de gabinete -a la que llegó en 2005 tras la dimisión del todopoderoso dirigente del PT José Dirceu, involucrado en un grave escándalo de corrupción-, Rousseff asumió la coordinación de iniciativas de gran calado que hicieron que se ganara la total confianza del líder brasileño.
Rousseff suele bromear cuando se le pregunta cuándo se enteró de que sería la elegida para suceder a Lula. "Nunca -responde-. Yo me fui quedando como candidata, simplemente".
La "dama de hierro", como la llegaron a apodar en la Casa Civil, tuvo que superar otro reto antes de emprender la carrera hacia la presidencia: un cáncer linfático del que se recuperó tras someterse a un tratamiento de quimioterapia.
Decidida a ser la primera presidenta de Brasil a toda costa, Dilma Rousseff aceptó el consejo de sus asesores para cambiar de imagen. Se operó los párpados, renovó su ropero y descubrió que existen estilistas capaces de obrar milagros.
Del resto se ocupó el presidente Lula. LA NACIÓN / GDA
Las claves de la cita electoral
Dos candidatos disputan la segunda ronda de las elecciones presidenciales: Dilma Rousseff, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), y José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). El mandato presidencial dura 4 años, con reelección una vez. Lula da Silva, tras 8 años de gobierno, no pudo postularse esta vez.
Las mesas electorales abren a las 8 y cierran a las 17. Se esperan resultados de encuestas en boca de urna a las 18 y primeras tendencias oficiales a las 20.
En las elecciones estatales se eligen los gobernadores de ocho estados y el Distrito Federal. Los restantes 19 gobernadores fueron electos en la primera ronda.
Padrón electoral: 135,6 millones dentro en Brasil y 200.392 en el exterior.
Edad para votar: entre los 18 y los 70 años la votación es obligatoria; de 16 a 18 años y arriba de 70, es opcional.
El sistema de votación es con urnas electrónicas donde el votante digita el número del candidato de su preferencia.
Habrá 480.000 urnas en los 5.565 municipios del país.
El sistema de identificación biométrico se utiliza en 60 municipios en 23 estados. Mediante el mismo los votantes se identificarán con su huella digital en un lector electrónico. El sistema debe funcionar en todo el país a partir del año 2018.
Población.
En Brasil viven 192 millones de habitantes y el 82% reside en áreas urbanas. La expectativa de vida es de 72 años.
Pobreza.
En el país hay actualmente 29 millones de pobres y el 10% más rico concentra el 42,7% de los ingresos.
Economía.
Desde 2003 Brasil consolida su crecimiento económico. El desempleo está en 6,9% y el PIB per cápita es de US$ 8.235.
Comercio Exterior.
El principal producto de exportación es equipamiento para el transporte. Importa máquinas y equipos electrónicos. productos químicos. a.
Relaciones externas.
Lula da Silva se consolidó como líder mundial interviniendo en el conflicto de Medio Oriente y reforzó su vínculo con Irán.