Horizonte chino

Sebastián Da Silva

Con la economía internacional a su favor, el Frente se da el lujo de dilapidar gran parte del precioso tiempo del primer año de gobierno en volver a discutir la ley de caducidad.

Esta ley, junto con el proyecto del aborto son monocordes, recurrentes y pareciera que son sinónimos de felicidad eterna si las mismas se aprobaran. Hace veinte años que siguen en la agenda de la izquierda y al decir de Herrera "hoy, como ayer y como antes de ayer", volveremos a ver las manitos color naranja de los abortistas por todo Montevideo y los muros pintados de verdad y justicia como si estuviéramos en 1983.

Mientras se discute derogar una ley que tuvo en dos ocasiones la mayoría popular y en hacer desfilar las mismas delegaciones a favor y en contra del aborto en el Parlamento, el mundo cambia vertiginosamente. Para suerte de los uruguayos en general y muy especialmente para el gobierno, seguimos con un viento de cola que puede llegar a disimular la miopía frentista.

Todas y cada una de nuestras materias primas están por estas horas llegando a niveles de precios excepcionales. El Uruguay silencioso, ese que no rodea el Palacio Legislativo, continúa con la revolución productiva más importante que se recuerde. Y el mundo cada vez más está mirando el potencial en producción de alimentos que tienen las tierras en esta latitud.

Actuar a favor de este impulso externo, es la diferencia real para dar el gran salto tanto en el combate a la indigencia como en la distribución del ingreso o contentarnos mirando indicios muy buenos pero que no eliminan ni los problemas de los asentamientos irregulares ni de la infantilización de la pobreza. Para ello debemos ser un país con estrategia, con objetivos, y con planes de acción rápidos para captar todas estas oportunidades que nos cayeron del cielo.

El encargado de trazar estos lineamientos es el sector político, no digo sólo el gobierno, sino todo el sistema que vuelva a hacer realidad aquello de las Políticas de Estado.

Por ejemplo, está claro que el paradigma mundial pasa cada vez más por lo que hace China. Parte de la explicación de los valores de los granos es que los chinos sofisticaron su consumo y necesitan más soja para alimentar tanto a sus cerdos como a sus pollos. Si esto continúa, es claro que van a pasar a querer comer platos más sofisticados como ser carne ovina o vacuna, y el día que esto acontezca la carne va a tener un salto inimaginable en sus valores.

¿No será hora de empezar a analizar en serio, la idiosincrasia, sus costumbres y cultura solo para esta potencia e ir previendo circunstancias que pueden en forma inmediata modificar la ecuación nacional? ¿No será hora de inclusive dedicarle un área a la cancillería para incrementar los vínculos con ese país y aprender a entender un poco más su forma de vida? ¿No será efectivo racionalizar el servicio exterior e incrementar la presencia en varias provincias chinas, en vez de tener turistas con pasaporte diplomático en alguna playa del Caribe?.

Pocas veces Uruguay tuvo tantas oportunidades en tan poco tiempo. Aprovechémoslas, hagamos historia con progreso, no con radicalización.

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