El cantante uruguayo Erwin Schrott sumó esta semana, en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona, otro título a su carrera internacional: Carmen de Bizet, con la controvertida puesta de Calixto Bieito (estrenada en 1999), que ubica la conocida historia en la década del setenta y en la frontera de Ceuta y Marruecos.
Schrott, que encarna a Escamillo en esta realización, fue asediado por los medios ibéricos. Y en sus declaraciones, siempre cautas y muy meditadas, reconfirmaron sus principios sobre esta exigente profesión artística y su vocación por los papeles mozartianos.
Lo más difícil, ha dicho, es plantarse ante los nuevos proyectos con una actitud reflexiva y no caer ante el "sí" fácil. Una negativa a tiempo puede tener más beneficios a futuro que la voracidad por sumar papeles protagónicos sin descanso. Por eso, en su opinión, el modelo a seguir no es el de Plácido Domingo sino el de Alfredo Kraus (1927-1999) -considerado uno de los tenores ligeros más importantes del siglo pasado-, quien antepuso la reflexión a la pasión irrefrenable por cantar.
El elogiado cantante uruguayo, casado con la soprano Anna Netrebko, confirmó además que viene de trabajar en Nueva York en su disco de tangos, a editarse en 2011, y que se apresta, entre otros proyectos, a cantar en una próxima puesta de la ópera Borís Godunov.