El gran drama del pulpo Paul

Nos hemos quedado sin fondos para educación sexual. Es inútil intentar ponerle fin a una tradición frustrante: nuestro presupuesto es un barril... sin fondo. ¡Con lo que nos falta saber en materia tan delicada! Digo; saber, científicamente hablando, porque en cuanto a improvisación nadie puede enseñarnos nada.

Algunas cosas pesca uno por ahí, para ir conociendo algo que se ignoraba, e ilustrarnos mejor: por ejemplo; a raíz de las adivinanzas del pulpo Paul en el último Mundial de fútbol, se intensificó el interés por llegar a los últimos extremos (como quien dijera para el caso, hasta el fondo del mar) acerca de vida y costumbre del pulpo macho. Así se supo que el invertebrado -inteligente, mire, como usted no podrá imaginar jamás, querido lector- posee una vista excelente (aún no se conoce a un pulpo que use anteojos): la estructura de sus ojos lo asemeja a los vertebrados, y se distingue por la exclusividad de un entrevero de tentáculos que pone en juego, con notable habilidad, para atrapar a una pulpa pulposa que le atraiga. Ninguna mujer puede sentirse tan feliz en brazos de un hombre Grado 5 en docencia sexual, como la hembra del pulpo cuando combina los ten- táculos de éste con los propios, y se arma un maremoto que... ¡ríanse del tsunami! Y eso que el pulpo no necesita hacer alarde tentacular para sentirse feliz y gozoso: con un solo ten-táculo puede mantener una relación sin palabras y con acción que, inevitablemente, terminará en un pulpito. (Ojo, chicas copistas: no me vayan a transformar esta palabra en una esdrújula, que no quiero líos con el Vaticano).

Consumado el acto, el pulpo se enfrenta a una cartelera colgada por la amarga realidad, donde puede leerse: única función, por clausura total de la temporada de festejos.

Chau, no va más. Primero y último a la vez. Así termina la foja sexual del molusco cefalópodo dibranquial, octópodo (¡qué barbaridad, todo lo que es este bicho, con razón es tan enorme!) alrededor de los tres años de vivir en enjuague. Y en cuanto a la hembra, no lo pasa mejor: para despedirse definitivamente de los océanos, sólo vive un poco más luego del episodio, a la espera de que los huevos hayan crecido lo suficiente; y muere antes de conocer su progenie.

¡Qué culebrón se perdió "Brochazos camperos! -N° 1 del radioteatro por los años 30- para conmover a su audiencia con una trama y un título criollazo que lo encerraba todo: "Amor y drama en la pulpería"!

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