Cuando Luiz Inácio Lula da Silva tomó posesión del cargo de presidente en Brasil a principios de 2003, declaró con emotividad que finalmente había obtenido su "primer diploma" al convertirse en el primer mandatario del país. Uno de los presidentes menos instruidos de Brasil -Da Silva terminó sólo hasta el cuarto grado- pronto se convirtió en uno de los más queridos, sacó a millones de personas de la pobreza extrema, estabilizó la economía y ganó un estatus casi legendario dentro y fuera del país. Hoy, a punto de terminar su mandato con una popularidad récord, la educación sigue siendo el principal desafío de su país.
CAÉTES | THE NEW YORK TIMES
Los chicos de 15 años en Brasil dominan más o menos las mismas habilidades que los de nueve o diez años en países como Dinamarca o Finlandia", dijo Ilona Becskehazy.
Sin embargo, mientras Da Silva superó sus inicios humildes, el país aún trata de resolver los suyos. Quizá más que ningún otro reto que enfrente Brasil hoy, la educación es un escollo en su intento por acelerar su economía y establecerse como uno de los países más poderosos del mundo, exponiendo una importante debilidad en su blindaje recién descubierto.
"Desafortunadamente, en una época de competencia mundial, el estado actual de la educación en Brasil significa que es probable que se rezague respecto de otras economías en desarrollo en la búsqueda de nuevas inversiones y oportunidades de crecimiento económico", concluye el Banco Mundial en un informe de 2008.
En la última década, los estudiantes brasileños han calificado entre los más bajos de los de cualquier país que realiza los exámenes internacionales en habilidades básicas, como lectura, matemáticas y ciencias, a la zaga de países latinoamericanos como Chile, Uruguay y México.
Los brasileños de 15 años empataron en el lugar 49 entre 56 países en el examen de lectura del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, con más de la mitad en el último nivel en 2006, el año más reciente para el que hay datos disponibles. Les fue mucho peor en matemáticas y ciencias.
"Esto significa que los chicos de 15 años en Brasil dominan más o menos las mismas habilidades que los de 9 años o 10 años en países como Dinamarca o Finlandia", dijo Ilona Becskehazy, la directora ejecutiva de la Fundación Lemann, una organización con sede en San Pablo, dedicada a mejorar la educación brasileña.
La tarea a la que se enfrenta el país -y el legado de Da Silva- es de enormes proporciones. Aquí, en Caetés, esta ciudad pobre y polvorosa del noreste, donde Da Silva vivió sus primeros siete años, cerca de 30% de la población aún es analfabeta, una cifra tres veces más alta que el índice nacional.
Cuando Da Silva era un muchacho aquí, su padre solía golpear a algunos de sus hermanos mayores cuando iban a la escuela en lugar de a trabajar, comentó Denise Parana, la autora de una biografía del Presidente.
Hoy, profesores dicen que muchos padres mandan a sus hijos a la escuela sólo porque la asistencia es un requisito de la Bolsa Familia, un programa de subsidios que Da Silva ha expandido muchísimo durante su gestión y que proporciona hasta cerca de 115 dólares mensuales por familia.
Sin embargo, aún con el incentivo extra, los niveles de lectura varían tan grandemente aquí que en un salón de octavo grado los alumnos de 13 a 17 años leen en voz alta del mismo texto.
"Muchos padres dicen: ¿Para qué deberían estudiar si hay tan pocas oportunidades?", señaló Ana Carla Pereira, una maestra de otra escuela rural en esta ciudad.
Como Presidente, las propias políticas educativas de Da Silva empezaron muy lento: destituyó a dos ministros de Educación antes de quedarse con uno en 2005 y luego, el programa educativo del gobierno no comenzó sino hasta 2007; cuatro años después de que asumiera el cargo da Silva.
Ahora, en su último año de gestión y al hablar sobre su lugar en la historia, da Silva tiene una "obsesión" con el tema, dijo Fernando Haddad, su ministro de Educación, lo que fue obvio de ver cuando recientemente regresó aquí, su ciudad de la infancia.
"Quiero que cada niño estudie mucho más que yo, mucho más", dijo cuando anunciaba un programa para darles computadoras portátiles a los alumnos. "Y que todos obtengan un título universitario, que todos tengan un diploma profesional".
El exhorto apenas si podría ser más claro. Brasil ya se estableció como una fuerza mundial, con un auge en el consumo interno y de bienes para convertirse en una de las economías más grandes del mundo. Con el descubrimiento de enormes yacimientos de petróleo y un papel cada vez más importante en el suministro de alimentos y materias primas a China, el país está colocado para crecer aún más.
Sin embargo, los defectos educativos del país dejan al margen a muchos brasileños. Más de 22% de los aproximadamente 25 millones de trabajadores disponibles para unirse a la fuerza de trabajo de Brasil este año no estuvo considerado como calificado para satisfacer las demandas del mercado laboral, según un informe gubernamental de marzo.
"Tenemos problemas para contratar trabajadores en ciertas ciudades y estados, aunque sí tenemos empleos", indicó Marcio Pochmann, director del Instituto de Investigación Económica Aplicada, la institución gubernamental que elaboró el informe de marzo. Estimaciones anteriores mostraron que no se solicitaron decenas de miles de empleos porque no había suficientes profesionales calificados para ocuparlos.
A menos que se supere pronto esa brecha, Brasil podría perder su "ventana demográfica" en las siguientes dos décadas en las que "la población económicamente activa estará en su punto máximo", dijo el Banco Mundial.
El ministro de educación Haddad expresó que mientras Brasil aún tiene un desempeño pobre en comparación con otros países, está mejorando más rápido que muchos competidores.
"Brasil está tratando de compensar el tiempo perdido", dijo Haddad. "Mientras otros países invertían en educación, nosotros perdíamos el tiempo aquí diciendo que la educación no es tan importante".
El gobierno ha tenido algunos éxitos notables, incluido un programa que ha creado unas 700.000 becas para que estudiantes de bajos ingresos asistan a universidades privadas, un esfuerzo elogiado por especialistas en educación.
Bajo Da Silva, el gobierno también abrió más de 180 escuelas vocacionales -en comparación con las 140 durante los 93 años anteriores- y ha aplicado una nueva prueba nueva para evaluar el desempeño escolar.
Las inscripciones han seguido aumentando, una tendencia que comenzó en los 1990 con el anterior Presidente, Fernando Henrique Cardoso, y los índices de egresados de la educación media han aumentado con Da Silva en 13 puntos porcentuales, a 47%, señaló el ministro Haddad.
Sin embargo, esos logros se quedan cortos respecto del empuje urgente por un cambio que algunos especialistas en educación esperan ver por parte de Da Silva, dados sus antecedentes. Dicen que no se hizo lo suficiente para mejorar la calidad de la educación y los métodos de enseñanza, y el Presidente no ha utilizado su más alta tribuna para inspirar al país a demandar más de sus profesores y escuelas.
"Tiene esta aura, tiene este poder, influye mucho", expresó Becskehazy de la fundación Lemann. "No usó la oportunidad para elevar a la gente".
No ha ayudado, dicen críticos, que Da Silva haya usado en ocasiones su propia falta de educación como parte de un discurso populista para asediar a las "elites" bien instruidas que gobernaron mucho tiempo en Brasil, casi alardeando de que llegó tan lejos como lo hizo sin una educación formal.
"En sus discursos, tendió a enfrentar a la gente con menos instrucción contra la elite instruida brasileña", dijo Pochmann.
Encontrar obreros con las habilidades básicas adecuadas para incluso trabajos manuales se está convirtiendo en un reto, y muchas compañías no están esperando a que se ponga al día el sistema educativo de Brasil. Odebrecht, el gigante brasileño de la construcción, es una de varias empresas que capacita a un conjunto de fuerza de trabajo potencial durante unos meses en lectura y matemáticas básicas.
"La educación es la gran desventaja para Brasil cuando se le compara con China, India y Rusia", notó Paulo Henrique Quaresma, el director de recursos humanos de Odebrecht, refiriéndose a los otros tres países que inversionistas mundiales ven como las economías en desarrollo más grandes del mundo.
No es difícil ver por qué en Caetés.
"La primera escuela a la que me introdujo mi padre fue el mango de un azadón", dijo Jose Bezerra da Silva, quien, como su esposa, es analfabeta y no puede ayudar a sus hijos a hacer la tarea. La pareja y sus siete hijos comparten un casa de dos cuartos; el marco de madera del sillón sobresale abajo de un almohadón raído. "Lula cambió muchas cosas".
El índice de repeticiones de primer grado en Brasil es de 28%, entre los más altos del mundo, dijo el Banco Mundial, aunque el gobierno sostiene que la cantidad se ha estado reduciendo. Las escuelas secundarias tienen a estudiantes de más edad debido a la alta proporción de reprobados en los primeros años, y muchos de los frustrados simplemente desertan.
"Brasil seguirá creciendo más lentamente que su potencial", dijo Samuel Pessoa, un economista del Instituto Brasileño de Economía en la Fundación Getulio Vargas. "Si tuviera un mejor sistema educativo, las cosas serían diferentes".
Las denuncias de corrupción no frenan el apoyo a Dilma
BRASILIA | AP
A pesar de los escándalos que dominan la cobertura de prensa y el discurso de la oposición en la campaña para las elecciones del 3 octubre, la candidata oficialista Dilma Rousseff aumentó su nivel de respaldo, según una encuesta divulgada el jueves.
La consulta del instituto Datafolha dio a Rousseff, que es apoyada por el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, 51% de las intenciones de voto, un leve aumento desde la encuesta de la semana pasada, donde aparecía con 50% de respaldo.
Su principal rival, José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), se mantuvo estable en 27%. En tercer lugar aparece la ex ministra del Medio Ambiente Marina Silva, del Partido Verde, que tiene 11%, igual que la semana pasada.
Rousseff sigue a la cabeza a pesar de los dos escándalos de corrupción destapados en los últimos días. El más reciente es el de la denuncia de que un hijo de Erenice Guerra -mano derecha de Lula- habría usado su influencia para conseguir que la firma estatal de correos otorgara contratos a dos empresas aéreas que él asesoraba. Las críticas precipitaron la renuncia de Guerra a la secretaría general del gobierno y el partido Demócrata pidió que se inicien averiguaciones sobre Dilma Rousseff porque, según dijo, Paulo Bornhausen, "es culpable por su connivencia o por omisión" mientras ocupaba su cargo al frente del órgano más importante del Poder Ejecutivo.
El otro caso, denunciado por políticos del PSDB, refiere a que miembros del gobernante PT obtuvieron información tributaria confidencial de una hija de Serra y de otros aliados políticos suyos.
Las repercusiones de los dos casos obligaron al presidente Lula Da Silva a reunir a los miembros de su gabinete para discutir como enfrentar los escándalos y su potencial impacto electoral.
Después de ese encuentro, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, anunció medidas para evitar futuras filtraciones de información fiscal, a través de un plan que incluye disposiciones para impedir el acceso sin autorización a datos de autoridades políticas y de sus familiares. Paralelamente, el ministro de Justicia, Luiz Paulo Barreto, anunció que la Policía Federal investigaría el posible caso de tráfico de influencia que involucra a la ex secretaria general de gobierno y a su hijo.
Los electores, sin embargo, parecen no haberse visto tan influenciados por los escándalos y, por el contrario, reafirmaron su apoyo a quien se proyecta como la continuidad de Da Silva. De hecho, los especialistas señalan que el elevado respaldo de Rousseff refleja la evaluación positiva que los electores hacen del actual presidente, cuyo gobierno es considerado "óptimo" o "bueno" por el 78% de los brasileños. Se trata de la administración mejor evaluada en Brasil desde el regreso de la democracia en 1985.