El cine de autor para niños vuelve a tener, desde mañana, su ciclo anual con el inicio del Divercine número 19. El festival será en dos funciones (14.30 y 15.30) hasta el viernes y en el auditorio Nelly Goitiño.
Si se dice que el festival presenta una alternativa a la producción industrial de cine infantil, la primera reacción del grueso de los lectores será pensar que se trata de algo aburrido. Conviene pensar en que este festival, una verdadera franquicia multinacional creada por Ricardo Casas, ofrece opciones para sumar y descubrir que las viejas fórmulas del cine de vacaciones de julio pueden ser divertidas, pero que no son las únicas para los más chicos. Noventa y dos películas de 25 países, con una grilla completa que se puede consultar en la web www.divercine.com.uy conforman una interesante panorámica.
Según lo que adelantaban los organizadores, uno de los focos importantes dentro de la oferta proviene de Europa, donde hay una buena escuela de este tipo de producciones. "No tenemos dudas en que una inversión fuerte en esta área del cine junto a políticas claras hacia la producción de estos países está rindiendo sus frutos. Y no es de ahora sino que vienen de muchos años atrás", afirman desde su presentación de prensa. También se destaca la participación holandesa de donde año a año han llegado películas de interés que tratan más bien sobre la realidad que viven los niños hoy. La película destacada entre ellas es El niño que dejó de hablar, sobre el tema de la inmigración pero con un tratamiento distinto.
Uruguay está presente, como parte de la competencia oficial de largometrajes, con el documental A orillas del río Negro, de Marcelo Casacuberta. Se trata de una recorrida por este río que cruza el Uruguay por la mitad. Se ha señalado que esta producción, dirigida y producida por Marcelo Casacuberta es una forma sensible de acercarse a un aspecto de la naturaleza nacional que es tan cercana como poco conocida y que evita cualquier truco propio de los documentales televisivos. Casacuberta ya había resultado ganador en una edición anterior del Divercine, gracias a su primer documental, de tema similar, titulado Río de los pájaros pintados.
Un punto extra de este evento pasa por las visitas y en la integración del jurado. Uno de los jueces, corresponde destacar, es Pablo Rodríguez Jáuregui, un rosarino que desde hace unos quince años trabaja en la animación de autor y promoción de este tipo de cine.