Una gran victoria

Sebastián Da Silva

La agenda política está marcada por dos temas. En ambos casos se trata de tópicos reservados casi en exclusividad para los que eligieron la carrera de los "honores". Uno es la aprobación de la ley presupuestal, elemento indispensable para cualquier gobierno y función indelegable de cualquier Parlamento. El otro tema es un algo más ambiguo, recorre todos los corrillos partidarios y no es otro que los análisis electorales y las estrategias a seguir para las próximas elecciones.

Mientras blancos, colorados y frentistas, debaten sobre su estructura interna, algunos aparecen como candidatos y las estructuras políticas van retomando sus labores, observamos cómo la pasión del debate, esa efervescencia tan uruguaya va desapareciendo de los cafés, almuerzos y reuniones donde era tradición hablar de la cosa pública.

La razón es bastante sencilla: el Frente Amplio en el gobierno, hizo desaparecer cualquier razonamiento utópico, o fantasioso, asumió como propias las preocupaciones de sus antecesores en el quehacer gubernamental y por si fuera poco se dio cuenta de la inexistencia de otra manera de modernizar al Uruguay que no fuera con apertura, inversión, y asociación con los privados.

Tamaña revolución intelectual, tiene menos de 6 años, y pensar en tratar a los inversores de piratas, las asociaciones de privatizaciones, un presupuesto desequilibrado o a la inflación como algo bueno es tan divagado hoy como en el 2004 cuando los gobernantes de hoy pintaban muros con panfletos sesentistas.

Hace muy poco tiempo que el ex senador Korseniak, proponía utilizar la maquinita de imprimir billetes para dar aumento a los funcionarios públicos, se hacían paros generales para impedir la terminal de contenedores, se insultaba a quienes tenían a su cargo la construcción del nuevo aeropuerto, etc., etc. ¿Qué cambió? Nada más ni nada menos que el dueño del mango del sartén, que pareciéndose al vuelo de un panqueque se dio vuelta sin más trámites.

Esta victoria política, intelectual, no es pírrica, es de las más importantes que se han dado en el Uruguay de la post dictadura. Permite entre otras cosas aprovechar los buenos impulsos económicos que siguen viniendo, seguir diferenciándonos con la región y mantener firmes pilares importantes en temas que son políticas de Estado como la seriedad, el respeto a los compromisos y la solidez de una democracia con justicia independiente. La otra opción hubiese sido un caos.

El problema para los políticos, pasa entonces por cómo recrear la esperanza cuando gracias a Dios el Uruguay no sigue debatiendo panfletitos perimidos.

Entonces aparecen las estrategias, unos dicen de pegar, otros de pegarse, otros de no hacer nada y nosotros creemos simplemente que el Partido Nacional, contento con su cumplimiento del deber, tendrá que seguir con ese mandamiento no escrito de "que lo que es bueno para el país, es bueno para el Partido Nacional", asumiendo quizás que no tendrá perfiles populistas, y que probablemente las futuras discusiones se centren más en las personas que en las ideas.

Y que este escenario nos fortalece.

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