Llegó el mundo de ciudades gigantes

JORGE ABBONDANZA

En el mundo de hoy, por primera vez en la historia de la humanidad, hay más gente viviendo en las ciudades que en el campo. Esa evolución, alimentada por la constante migración de una población rural que busca los tentadores servicios, los productos de consumo y las fuentes laborales que ofrecen los grandes centros poblados, sigue avanzando aceleradamente. Se calcula que por año 30 millones de chinos abandonan el campo y se desplazan hacia las megalópolis de la costa, como Shanghai y Hong Kong. Algo similar ocurre en África, donde ya hay más ciudades de un millón de habitantes que en Europa.

Los especialistas en urbanismo futuro dicen que dentro de un par de décadas el mundo deberá acostumbrarse a la idea de que 100 millones de personas se aglomeren en torno a enormes ciudades, cosa que podrá ocurrir en Bombay, dentro de un país en movimiento como la India, donde el flujo hacia los centros urbanos es vertiginoso. El peligro es que la hipertrofia de esas superciudades resulte aplastada por la masa de población, desbordando no sólo la capacidad de alojamiento sino además el abastecimiento de agua o luz, hasta que esos gigantes se ahoguen bajo su propio peso.

Para que eso no suceda trabajan febrilmente los expertos, creando nuevos núcleos de eficiente ecología y notable desarrollo tecnológico, como pasa en el proyecto Songdo (de Corea del Sur, que costará US$ 40.000 millones) o en HafenCity (junto a Hamburgo), donde la vida de la gente estará tan amparada por ventajas ambientales, que hasta los inodoros funcionarán sin usar agua. Casi todo parece ya previsto por los planificadores en esos paraísos urbanos. Gente especializada e imaginativa diseña ya los agrupamientos urbanos para mediados de siglo y lo hace al trote, de modo que nadie sea víctima de la masificación, a pesar de que los demógrafos estiman que en las próximas dos décadas unos 275 millones de personas se mudarán en la India desde el campo a las ciudades. Habrá que ganar esa carrera contra el tiempo.

Y así un mundo de ciudades gigantes que han crecido desordenadamente, como México, Tokio, El Cairo o San Pablo, deberá disciplinarse gradualmente para que esos colosos del futuro puedan recibir oleadas de población sin asfixiarla, derivándola hacia satélites que los investigadores llaman ciudades-charter o ciudades sensibles. Habrá que ver si el torrente migratorio no descalabra esos proyectos, mientras la globalización se manifiesta en el perfil idéntico que tienen todos los rascacielos, desde Chicago hasta Kuala Lumpur y desde Dubai hasta Toronto. El mundo ya no es un variado mosaico de identidades sino un solo monstruo interconectado, donde todos los ascensores suben con igual velocidad hacia el piso 60.

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