Dionisio Díaz y la creación de un mito

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No existen milagros en la consolidación del liderazgo de una empresa, de cualquier empresa. No hay un mérito único ni un acontecimiento repentino ni un héroe individual; el éxito siempre es colectivo y se edifica a lo largo del tiempo con conductas necesariamente perseverantes.

Hay, sin embargo, episodios en apariencia aislados, que ayudan a entender el misterio de la adhesión y de la simpatía popular hacia El País más allá del profesionalismo y el apego a modernas tecnologías.

Corría mayo del año 1929 cuando una noticia policial llamó la atención de Don Carlos Scheck. Refería al asesinato de varios familiares por parte de un paisano de Treinta y Tres y pudo ser otra de tantas noticias que al cabo de unos días caen en el olvido. Lo que capturó su interés fue que un niño de nueve años sobrellevara graves heridas para salvar a su hermanita de quince meses.

El Secretario de Redacción de ese entonces era el mítico Juan Flores Sánchez, capaz de sacudir la modorra del más perezoso de los lectores. Don Carlos lo llamó por teléfono, rechazó su sugerencia de enviar al cronista policial y exigió que fuera el propio Flores Sánchez hasta el lugar y recogiera una historia enaltecedora, digno reflejo del acto heroico.

El resto es historia conocida por todos los mayores de 60 años; esa generación que no conoció ni la pasta base ni los juegos de computadora donde se asume la personalidad de un antihéroe que mata y destruye por diversión. Tras la serie de artículos periodísticos formidables, Don Carlos estimuló a Flores Sánchez para que escribiera un libro que se denominó "El Pequeño Héroe del Arroyo del Oro". El País lo imprimió en el mismo año 1929 y debió hacer varias reediciones, pues casi se transformó en un texto escolar.

Se escribieron al menos otros seis libros sobre el mismo tema, aunque curiosamente los últimos de ellos estuvieron orientados a desmitificar el episodio, a ponerle un cable a tierra y a suprimirle la veta heroica. No era eso ni remotamente lo que se proponían Don Carlos y Flores Sánchez y tampoco fue ni el primero ni el último episodio en el cual El País procuraba ponerse una comunidad al hombro y ayudarla a conformar sus valores morales.

Son esos valores morales que creíamos definitivamente perdidos, pero que nuestros muchachos de la selección uruguaya nos recordaron que están siempre ahí, disponibles para quien los quiera imponer como hábito cotidiano.

Todo eso y nada menos que eso forma parte de los factores que construyen un liderazgo. Don Carlos Scheck los dominaba a la perfección y lograba que todos en la empresa se apegaran a ellos; era su diario vivir.

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