REBAR
Cuando a esta altura de la vida -en mi caso, una altura gigantesca- ya nada me sorprende, leí sin el mínimo asombro en "La Nación" de Buenos Aires, una extensa y amena nota de Evangelina Himitian y Laura Reina, titulada: "Todo es motivo para festejar". El tema les fue dado por los cambios que se vienen generando en los hábitos que justificaban hasta pocos años atrás, la realización de fiestas para recordar determinados acontecimientos, que solían conformar un repertorio integrado por "los años del nene o la nena"; los de casados; los del ama de casa, y alguno más: excepcionalmente, se anotaba en la cartelera una graduación profesional; despedida y bienvenida al retorno, de futuros viajeros; y un ascenso en la oficina.
Pero, actualmente, la gama de festejos se ha ampliado considerablemente, incluyendo hasta cumpleaños de perros. (Supongo que a los amiguitos invitados no les dará por cantarle a ladridos al festejado, el "Happy birthday, Mr. Dog").
Quien acapara el mayor número de festejos es la mujer. Cerrado el ciclo infantil -con cada uno de sus años alegremente festejado- la jovencita se prepara para la fiesta "de los 15", en que los papis se esmeran para transformarla en una noche inolvidable. Seguirán el noviazgo: el compromiso de boda; el "chau, chau, chau, adiós que te vaya bien", desafinado como corresponde por las organizadoras del té de despedida de soltera; (y aquí viene la novedad; el anunciado ingreso de la dama, a la sala de espera dulce); el aguardado nacimiento; el bautizo y, desde luego, cada aniversario de casados, culminando en las bodas de plata y, si Dios quiere, las de oro.
Todos los récords están siendo batidos por el festejo del divorcio. Transcribo declaraciones de una experta en armar la algarabía: "En el día de la fiesta, hay una parte previa exclusiva para la liberada y sus amigas, que incluye un cóctel; la firma del libro de divorcio (con copia de los papeles de la desvinculación); un encuentro de tuppersex, donde se muestran diversos juguetes sexuales o una clase de seducción. (Digo yo: será para que la feliz divorciada se mantenga entrenada). La mesa será atendida por un mozo sexy y musculoso, que cumplirá su función en tanga. (Sería bueno -pienso- que la reina de la noche cantara "Tanga que me hiciste mal y sin embargo te quiero".
Estamos a punto de ver en la realidad, algo que el genial Wimpi escribía en "El velorio"... convertido éste en una fiesta para los amigos del finadito, tanto que, en un momento, la flamante viuda se acerca al grupo y le ruega: "Muchachos, está bien que canten y bailen; pero, por favor, no aplaudan".