Amputación

Otra vez la barbarie. Otra vez en Irán. Realmente triste, realmente algo que rechina con todo lo que pueden ser derechos humanos y la más elemental sensibilidad. Aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI, en una cárcel iraní, les amputaron manos a cinco ladrones.

No importan argumentos como que las amputaciones son porque los delincuentes eran reincidentes. Un funcionario judicial dijo que "cuando una mano se habitúa al robo y hace daño a la gente, debe ser cortada".

Agregó que la sentencia "actúa como elemento disuasorio". Palabras repugnantes.

Esto que acaba de ocurrir en una localidad a 300 kilómetros de Teherán, sigue de cerca al anuncio de otro acto salvaje: una mujer, acusada de adulterio pero cuyo hijo insiste que es inocente, ha sido condenada a morir lapidada. Sakineh Mohammad Ashtianí, de 43 años, hace 5 que está presa por el presunto delito y como corolario va a ser enterrada hasta el cuello, para ser así asesinada con piedras medianas, arrojadas a su rostro. ¿Por qué medianas? Porque si fueran demasiado pequeñas no serían efectivas y si son demasiado grandes la matarían con excesiva celeridad, ya que debe sufrir una muerte brutal y lenta.

Estos no son los únicos castigos físicos que se aplican en Irán, invocando leyes. Y a ellos se les agregan los malos tratos extrajudiciales que ya son habituales en las prisiones del régimen de Mahmud Ahmadineyad (quien increíblemente cuenta con algunos amigos prominentes en América del Sur).

Lo de las amputaciones es irreversible, pero cabe esperar que el clamor de valientes organizaciones civiles de Irán, sumado a la protesta internacional, logren frenar otros castigos inhumanos.

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