El frentista Carlos Gamou evocó a Confucio en una reciente sesión del Senado. Contó que de un viaje a Beijing, compartido con otros legisladores, había traído una estatua y varias reflexiones del filósofo chino, algunas de las cuales citó en sala. Por esa razón, el nombre de Confucio estuvo girando en la discusión que se desarrolló sobre ciertas contradicciones del Frente Amplio. Lástima que en esa instancia nadie recordó la otra ocasión en que ese filósofo ocupó espacio en nuestro escenario político. Fue cuando el entonces presidente Vázquez proclamó que la estatua que está en el Parque Rodó era de Mahoma en vez de Confucio. Doble error pues, como se sabe, la religión islámica prohíbe la reproducción de la imagen de Mahoma. Sería bueno que Gamou, un experto en el tema, se lo aclarara.