Hombres y mujeres lloraban el sábado, parados como aturdidos o hurgando entre los escombros, buscando cuerpos, sobrevivientes y respuestas. Sólo una cosa parecía segura: al final, los dos atacantes suicidas que mataron a 102 personas en esta aldea no discriminaron a sus víctimas.
Aunque el objetivo parecía ser una reunión de líderes tribales en una oficina del gobierno, fueron decenas de ciudadanos de a pie en la región tribal de Mohmand quienes recibieron el golpe, el más sangriento en Pakistán este año.
Muchos habían acudido al lugar para buscar comida donada u otros productos cuando las bombas estallaron el viernes.
El ataque demostró que los extremistas islámicos siguen siendo una fuerza mortal en la frontera noroeste de Pakistán con Afganistán, aunque sea el escenario de ofensivas militares y misiles conducidos a control remoto por Estados Unidos.
Pero este análisis es un flaco consuelo para Adnan Khan, quien aún no puede entender por qué 10 de sus familiares tuvieron que morir.
"La gente vino aquí ayer para recibir galletas y aceite comestible", dijo el estudiante universitario. "No sé por qué los mataron los terroristas".
Unas 168 personas también resultaron heridas en el ataque en la aldea de Yakaghund, la cual tiene una población de cerca de 4.000. Las regiones del noroeste han estado lidiando con la violencia de al-Qaida y el Talibán por años.
Es una situación que Estados Unidos ha observado con cautela, impulsando a sus aliados en Islamabad a tomar medidas contra milicianos que amenazan a las tropas de Occidente en Afganistán y podrían desestabilizar al propio Pakistán, un país con capacidad nuclear.
Los atentados ocurrieron cerca de la oficina de Rasool Khan un subadministrador de la zona tribal de Mohmand que resultó ileso.
Akramullah Mohmand, vocero del Talibán en Pakistán, llamó a algunos reporteros el viernes en la tarde y se adjudicó la responsabilidad del ataque, al decir que los ancianos de la tribu eran el objetivo. Ninguno de ellos resultó herido, señalaron funcionarios.
Entre 70 y 80 comercios resultaron afectados mientras que la explosión también permitió que 28 prisioneros, regulares, no milicianos, escaparan de una cárcel que sufrió daños, dijo Rasool Khan.
La gente continuaba hurgando entre montañas de ladrillos y escombros. Se creía que al menos 15 personas continuaban atrapadas, dijo Ibrahim Khan, un funcionario local de seguridad que anunció el último saldo mortal.
AP