Una ocasión para aprender ante la TV

| La enseñanza que deja la gesta deportiva de la selección | El trabajo en equipo derrota al individualismo de la época

Ana María Abel

Lic. Ciencias Familiares

Las reuniones de toda la familia frente al televisor en días invernales han brindado ocasión de aprender muchas cosas. Especialmente en estas épocas en que las gestas deportivas han hecho vibrar a un país. Nombro sólo algunas de las enseñanzas que, cual rodrigones, podemos aplicar a la educación de nuestros hijos para fortalecer su crecimiento y enriquecer su personalidad: el trabajo en equipo potencia las individualidades, la nobleza del autodominio, comprobar que los hombres también lloran y tomar como natural la necesidad de recurrir al cielo.

A través de la pantalla chica y no tan chica, hemos sido testigos de cómo, un equipo disciplinado, no suprime las individualidades, por el contrario las resalta. Cuando se trabaja unidos como una piña, a quien se derrota es al pernicioso individualismo, lacra de nuestra época. Trasladándolo a la convivencia familiar, el ir cada uno a lo suyo es un cáncer que se instala subrepticiamente y cuando avisa, suele ser tarde. Como lo mamado en familia lo trasladamos al actuar en sociedad, cuánto se aprende de actitudes que, lejos de calificarlas como bajo perfil, son colaboración con el grupo, otorgan victorias al equipo, proporcionan satisfacciones, cosechan gratitud y crecimiento personal.

¿Qué decir del autodominio? No se nace con él ya desarrollado. Nuestros hijos lo logran en la medida que se lo mostramos como un objetivo valioso para que lo deseen. Trabajándolo junto a ellos y yendo siempre por delante lo van conquistando ya que el self control se forja con tesón, paciencia y entrenamiento sin pausa.

No es debilidad que un tenista top rompa en llanto al ganar un famoso torneo. Algunos futbolistas no han escondido las lágrimas al meter o atajar un gol, ser expulsados de la cancha o ante otras decisiones de los árbitros. Hubo imágenes de un basquetbolista intensamente conmovido al ganar un anillo más en la NBA. Son algunos ejemplos de lo que antes llamábamos superhéroes y que, en la era de la inteligencia emocional, son considerados esforzados triunfadores, deportistas muy humanos que no dudan en desnudar su alma y llorar frente a millones de telespectadores. Sí, los hombres también lloran.

Hace décadas, al niño se le decía que "los hombres no lloran" impidiéndole desde la infancia expresar los sentimientos. Los hombres bien hombres tienen hoy permiso para exteriorizar sus emociones sin que se interprete como debilidad o falta de hombría.

El hecho de recibir una tarjeta amarilla no ha impedido a los jugadores elevar las manos al cielo o rezar. Nadie puede contra el natural impulso religioso del hombre: bastan los replays de momentos críticos en Sudáfrica o las declaraciones de jugadores y DT. El "gracias a Dios" no se borra por ley humana.

flia@iuf.edu.uy

El respeto es muy importante.

Los chicos no reciben modelos de violencia solo en la TV o la calle. Cuando no hay respeto entre sus padres sienten que ese valor no existe e incorporan que hay vía libre para la violencia psicológica.

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