ALFONSO LESSA
La presencia en Uruguay del nuevo canciller argentino, Héctor Timerman, en una de sus primeras misiones en el exterior, constituyó durante la semana un claro gesto de la Casa Rosada hacia el gobierno de Mujica y un síntoma de los avances en la solución del diferendo que enfrentó a los países del Plata en estos años.
La respuesta desde este lado no pudo ser más clara, porque Timerman fue recibido al más alto nivel posible: se reunió con el presidente Mujica, el vicepresidente Danilo Astori y el canciller Luis Almagro.
La resolución del conflicto está en una etapa final caracterizada por un cierto juego de propuestas y contrapropuestas destinado a ofrecer la imagen de una negociación que conforme a la Asamblea de Gualeguaychú para evitar que el corte vuelva a repetirse. Pero en el fondo, ya parece haber acuerdo entre los dos gobiernos. Se replantean ideas que ya fueron negociadas y hasta descartadas, incluso por Buenos Aires que ahora las presenta como propias, como el eventual desarrollo de un polo forestal en ambas márgenes del río Uruguay.
Argentina plantea, Uruguay escucha, hace sus contrapropuestas con moderación, deja hacer y participa con pragmatismo para evitar cualquier gesto que pueda entorpecer la salida. Mujica procura actuar con flexibilidad, convencido de las complejidades de la política argentina; en particular por la peculiaridad que implica el peronismo, un movimiento tan vasto que suele contener a todo el arco ideológico, al que pertenecen los Kirch-ner y algunos de sus más duros opositores.
Más aun, la propia presencia de Timerman en la Cancillería de un gobierno que ha hecho caudal de los derechos humanos y la crítica a la dictadura, es una muestra de esa complejidad. Hijo del famoso periodista Jacobo Timerman, el nuevo ministro dirigió el diario "La Tarde", creado en 1976 para apoyar el golpe de Estado y la dictadura de Videla. Ha explicado que fue un error y un pecado de juventud.
En su impactante libro "¿Qué les pasó?", el periodista Ernesto Tenembaum -confeso votante decepcionado de Kirchner- trata de explicar al peronismo con una mirada original: dice, irónicamente, "Ni yanquis ni marxistas, darwinistas", en alusión a los cambios permanentes y sus expresiones políticas contradictorias. Es decir la necesidad de cambiar de manera permanente de los políticos para adaptarse al más fuerte y sobrevivir, se llame Menem, Duhalde o Kirchner, sea neoliberal o se defina de izquierda.
Esa es la realidad que aceptó Mujica para aprovechar la puerta que se abrió con Argentina, convencido de que no es posible encarar determinados hechos desde la lógica uruguaya; aunque el cambio para sobrevivir, el "darwinismo" al que alude Tenembaum, también pueda implicar riesgos para Uruguay en un proceso negociador, sobre todo en un año preelectoral. En todo caso, cuanto antes se logre una solución definitiva, esos riesgos serán menores.