A. LALUZ
Ya tienen la mística, la bendición india, la música y una historia en primera persona. Con ese apoyo a sus espaldas, Los hermanos Benjamin y Peter Bratt se lanzan juntos, después de "La Misión", a otro proyecto: llevar al cine la vida de Santana.
"Ya alguien hizo la (película) de Selena, la de Ritchie Valens, y antes estaba la de Tito Guízar, y Santana no se raja". Así lo dijo, directo, sencillo, el legendario guitarrista al periódico Reforma, en un reportaje que está dando la vuelta al planeta en titulares.
El nuevo proyecto de los responsables de La Misión -film que contó con el músico oriundo de Jalisco como promotor- ya está en marcha. Santana está colaborando en la escritura del guión y, según el plan de los Bratt, el rodaje comenzaría efectivamente en 2011.
Pero antes de dar cualquier paso, todo el equipo de la película cumplió con un ritual que se volvió tradición: fueron a pedir la bendición espiritual de la comunidad de indios estadounidenses con la que Benjamin y Peter tuvieron contacto desde la infancia, para que todo marche sin problemas.
Cabe recordar que este héroe y leyenda viva de la guitarra y los hermanos Bratt es bastante larga. Ellos crecieron en el conocido Distrito Mission, en San Francisco, California, donde las historias de los inmigrantes latinos han tejido un mapa identitario cruzado por los dramas de la supervivencia y los nuevos símbolos de la identidad diversa en los Estados Unidos.
A pesar de esta incursión en el cine, Santana ha dejado bien claro que, a esta altura de su vida, no trabajaría como actor para una película hollywoodense. Las razones ya son más que conocidas para sus seguidores. Es que él ha declarado en más de una oportunidad que no comparte (es más: la aborrece) la filosofía que cultiva este foco mundial de la industria cinematográfica.
"Nunca hago películas", repitió en estos días. "Hollywood me ha invitado, pero no me llevo con Hollywood. Yo soy como gato y ellos son perros". Clarito, como para que lo entienda todo el mundo. Y al hablar sobre lo que ocurre (y ha ocurrido) con el séptimo arte en su México natal, tampoco anduvo con rodeos: "Del cine mexicano tampoco me han invitado, y si haría algo tendría que ser la neta, porque no soy plástico ni sintético, no me verán en la televisión de plástico, no lo necesito, y ni tienen suficiente dinero para que yo haga algo que no quiero hacer``.
Toda una definición filosófica, política y estética, a la vez que un diagnóstico de lo que se sabe al dedillo: plástico más plástico, siempre dará plástico.
Luz a las cucarachas. La postura de Santana sobre el cine de Hollywood, la televisión, la industria del entretenimiento -incluso considerando los inevitables cruces contradictorios, como un no muy feliz pasaje por la ceremonia de los Oscar-, sigue la misma línea que las declaraciones y actos contra la discriminación en el poderoso país del Norte.
Ejemplo claro y reciente fue su participación en la grabación de la canción Sí, se puede, con la que la comunidad latina manifestó su rechazo a la polémica Ley SB1070, que criminaliza a los inmigrantes en el estado de Arizona. Su postura pública, además, coincidió con la de otros tantos artistas: mientras no se derogue el estatuto no se presentará en ese estado.
"No soy racista ni me gusta el conflicto, pero me gustó que Arizona sacara esta ley porque le puso luz a las cucarachas, la gente puso atención a lo que pasa ahí. Por eso nos unimos con nuestros hermanos, porque hay cosas muy injustas``, declaró también estos días. "Los latinos vienen a trabajar, no a robarle nada a los blancos. Espero que esa ley se pueda corregir", agregó.
La Misión: Santana. Benjamin Bratt será entonces el rostro de Santana en la pantalla grande, además del responsable de la dirección, en esta revisión de una historia de vida y música. Su rostro no es desconocido tanto para los cinéfilos como para la teleaudiencia, ya que ha sido un nombre recurrente en una larga lista de películas y series de televisión. Entre ellos: Demolition man (1993), The river wild (1994), El amor en los tiempos del cólera (2008); y en la pantalla chica: La ley y el orden, Nasty boys, The cleaner, entre otros.
Nació en San Francisco, California, donde reside actualmente con su familia. Y desde niño, al igual que sus hermanos, conoció de cerca la vida de los aborígenes estadounidenses, ya que su madre, una activista nacida en Perú y radicada muy joven en Estados Unidos, lo vinculó a varias movilizaciones en defensa de los derechos de estas comunidades originarias. Por esta razón, Bratt se mantuvo hasta hoy estrechamente vinculado a estos movimientos y organizaciones. La prueba más clara es el ritual que, junto a sus equipos de producción, realizaron antes del rodaje de La Misión (2009) y este próximo film sobre la vida de Santana.
Con el probado pulso para narrar historias, Bratt tiene ahora otra misión: contar la historia de una leyenda viviente que encontró a través del virtuosismo guitarrístico un camino para integrar al rock los sonidos y símbolos de la música de centroamericana y caribeña.