MATÍAS CASTRO
El jueves pasado, el portal argentino Diario Show publicaba el siguiente titular: "Piazza: `A mí también me dijeron que Redrado era gay`". Eso aludía a las declaraciones del diseñador argentino Roberto Piazza, expresadas por completo dentro de la nota: "A mí también me dijeron que Redrado era gay, pero no me pareció nada importante ni significativo". Es interesante ver la diferencia de énfasis que hay entre el título y el comentario completo de Piazza; es casi una diferencia de sentidos porque de hecho en la declaración completa relativiza el hecho de que Martín Redrado, ex director del Banco Central argentino, sea gay o no.
¿A qué se debe tanta especulación sobre la identidad de Redrado? Como muchos habrán podido escuchar y leer en los últimos días, su figura está en boca de todos porque se le adjudica una relación con Luciana Salazar. Y Salazar es, además del mayor sex symbol del Río de la Plata, la soltera más mirada de todas las del mundo del espectáculo. Todos se preguntan quién será su pareja y cuestiones similares, y ella ha jugado mucho con esa interrogante, insinuando pero nunca contando directamente. Porque sabe que en la sugerencia está la clave del negocio.
Pero el asunto del día está en el amor o falta de amor entre ella y Redrado. La revista Gente publicó la historia en tapa y citó comentarios de ellos que llegaron indirectamente a través de fuentes cercanas. "Martín me hace soñar". "Recién nos estamos conociendo, pero ella es diferente, muy especial". Esos son algunos de los comentarios que supuestamente dijeron a sus allegados y que ellos, a su vez, transmitieron a Gente. Y para más detalles, Luciana habría dicho: "No lo puedo evitar, lo mío son los intelectuales". Atención estudiantes de filosofía e historia, Salazar no busca futbolistas ni hombres musculosos, aunque es claro que el factor billetera puede jugar parte en este partido. Sin importar lo que realmente pase con la sexualidad de Redrado, seguirán pesando más las insinuaciones.