Ómnibus con barrabravas expreso a las comisarías

Control y descontrol. Más de 300 detenidos antes del clásico Ómnibus repletos de pasajeros fueron conducidos a las seccionales Choferes denunciaron presencia de hinchas alcoholizados y drogados | "¡Peñarol nomá!", celebraron en el medio de la sesión

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FEDERICO CASTILLO / RAÚL MERNIES

La policía impidió el ingreso de "los inadaptados de siempre" al Estadio Centenario haciendo una "limpieza" previa en los puestos de control callejeros. Poco antes del partido un ómnibus entero con 74 pasajeros fue derivado a la comisaría.

En la plataforma del fondo los hinchas de Peñarol saltaban, golpeaban el techo y cantanban. Más adelante, cerca del guarda, los hinchas de Nacional, en su mundo, cantaban e insultaban por igual.

Cuando el 300 de la empresa UCOT que circulaba por la Unión rumbo al estadio se llenó de pasajeros, el ambiente se puso cada vez más denso.

"A ver la barrita del fondo, tranquilos muchachos", dijo el guarda. "Tendríamos que haber parado y que estos malandras quedaran a pata", murmuró.

"¿Vio señor? Son los vivos de siempre, los de Nacional vamos acá en la nuestra y no descansamos a nadie", dijo un hincha de Nacional, de pelo platinado, gorra Nike y un piercing en la ceja, tratando de que sus compañeros dejaran de hacer que el ómnibus se sacudiera.

El viaje era bastante normal. En el coche ya no entraba más gente y los saltos de las barritas lo agitaban hacia los costados. El chofer ya había salteado algunas paradas, hasta que, sorpresivamente, se detuvo en una esquina de 8 de Octubre.

"¡Abra la puerta!", dijo el coracero golpeándola con el bastón. "Abra atrás también que va a subir otro efectivo. Cierre las dos puertas y diríjase a la Seccional 13, el coche está detenido", explicó.

Las caras de sorpresa se mezclaron con la avalancha que intentó bajar del coche, pero el agente fue claro: "A ver muchachos, yo preferiría estar en casa que acá, pero es paro o esto. No hubo paro, así que tenemos la orden de detener a los revoltosos, y en este coche van varios".

Los del fondo no se escucharon más. Alguna señora comentó: "Esto es una barbaridad. O los ómnibus o la policía, pero siempre los perjudicados somos los que no hacemos nada".

Comenzaron los susurros de oreja a oreja. "Hay un policía de particular. Lo vi subir unas paradas antes, uno de pelito cortito que va parado en el fondo".

Una pequeña niña que viajaba sola vistiendo túnica y moña comenzó a llorar.

"Seguramente un inspector vio desde la vereda que iban colgados para afuera y avisó", explicó el guarda.

El llanto de la pequeña, cada vez más asustada, dejó a un lado los colores y todos empezaron a preocuparse.

Uno de los tricolores le preguntó si sabía el teléfono de su casa. La pequeña respondió que sí y lo marcó en el teléfono móvil del amable viajero.

"Señora, yo soy un hincha de Nacional que viajaba en el ómnibus con su hija. La policía confiscó el bote este y vamos todos a la jaula", dijo.

El agente aclaró la situación: "Explíquele a la mamá de la nena que en media hora se la devolvemos", dijo el coracero que viajaba parado en el primer escalón de la puerta delantera.

"Hacemos así, yo se la llevo a su casa", dijo el hincha. "No importa, al partido ya no llego; yo se la llevo, deme la dirección". El hombre la anotó y abrazó a la niña.

Una camioneta con cuatro efectivos armados custodió el trayecto del ómnibus hasta la comisaría, donde esperaban decenas de policías.

"Presten atención: tenemos identificados a los que vamos a retener. Bajen todos, nosotros identificamos a los que se quedan y el resto se va", vociferó un oficial desde la vereda. Algunos astutos escondieron sus camisetas y se sacaron las gorras.

En la seccional quedaron detenidos 42 de los 74 pasajeros que iban en el ómnibus. Mientras bajaban, llegaron otros dos coches en similares condiciones.

Uno de los retenidos que fue rápidamente liberado relató: "Tan salados los botones hoy. A mí me largaron porque no voy al estadio, yo voy a buscar a mi hermanita al jardín. Pero había uno que preguntó por qué lo detenían y cobró. Le dieron unos viandazos, le pusieron los brazos en la nuca y le dijeron: `Demasiadas explicaciones para un pichi, callate la boca y entrá`. Menos mal que yo pude zafar".

Varios ómnibus corrieron suerte similar en otros barrios, en el marco de un operativo policial que, incluso antes del comienzo del partido, ya había producido un saldo de más de 300 detenidos.

En otros coches de transporte urbano, los hinchas pudieron llegar a destino casi sin sobresaltos, comprobó El País.

Dueños del ómnibus. Una hora antes del comienzo del partido la mayoría de los ómnibus que iban por 8 de Octubre hacia el centro llevaban a varios hinchas a bordo. Las manos sobresalían por las ventanillas agitando banderas y golpeando la carrocería al ritmo de cánticos provocadores.

La parte de atrás del 111 de Cutcsa, con destino a Plaza Independencia, estaba copada por hinchas de Nacional. Una decena de quinceañeros, con look "plancha" (gorros visera, joggings y pelos teñidos de rubio furioso) eran los dueños del sector trasero.

Con botellas de cerveza en sus manos hablaban a los gritos y gesticulaban ampulosamente. Fútbol y drogas eran los temas excluyentes de conversación y nadie en el ómnibus podía, aunque quisiera, permanecer ajeno a la charla. "¡Ya mandamos a Cerro para el descenso, vamo` a mandar un manya para el cajón!", cantaban mientras golpeaban en las ventanas.

"Vo, mi madre me encontró las hojillas y me las tiró", se quejó uno y despertó las risas del resto. "¡Rescatate!", le contestaron. "¿Te imaginás jugar al fútbol drogado?", preguntó otro. "Al primero que me pase lo levantó en la pata, ja ja".

Adelante, el resto del pasaje miraba de reojo.

A la altura de 8 de Octubre y Larravide se subió un hincha de Peñarol a ese terreno dominado por bolsos. Inteligente, se cerró la campera, ocultó la camiseta y se quedó adelante. El ómnibus pasó de largo por un puesto de control policial en 8 de Octubre y Propios. Paradas después, crerca de la sede de Nacional, los hinchas se bajaron del ómnibus. "¡Puerta, puerta!", le gritaron al chofer. Junto al grueso de la parcialidad tricolor y se dirigieron a pie al Centenario.

Más de 300 detenidos antes del pitazo inicial

Policías de particular viajaban a bordo de los ómnibus como pasajeros y mediante comunicaciones radiales mantenían contacto con los "piquetes" en las avenidas, para detener a las unidades que transportaban personas alcoholizadas o drogadas, y a los fanáticos que causaban desórdenes.

"Varios ómnibus repletos fueron derivados a las comisarías", dijo a El País el vocero de la Jefatura de Montevideo, inspector Juan Carlos Duré.

Otros vehículos también fueron conducidos a las seccionales por denuncias que efectuaron los propios choferes.

El total de detenciones en el correr de la tarde superó las 300.

Tras advertir que en los próximos días la Jefatura realizará una evaluación de los operativos policiales, Duré indicó que el operativo fue un éxito. "Solo hubo incidentes con un ómnibus en la Ruta 8 y los protagonistas fueron detenidos", dijo.

La Jefatura de Montevideo montó tres operativos policiales distintos que demandaron casi 1.000 hombres.

El más llamativo fue la instrumentación de 32 "piquetes" en Montevideo y Canelones, para asegurar que no hubiera incidentes en los ómnibus que pudieran desembocar en un paro sorpresivo del transporte, que estaba a consideración de la Unott.

Los controles se ubicaron en Cno. Carrasco y las avenidas Giannattasio, 8 de Octubre, Av. Italia, General Flores, Agraciada y San Martín.

Otro operativo abarcó la seguridad en el interior y exterior del Centenario, con vallados, zonas de exclusión y cámaras que filmaban las tribunas.

El tercero estuvo vinculado a los festejos.

Festejos y lamentos entre los diputados

SEBASTIÁN CABRERA

Ni bien el juez Darío Ubríaco pitó el final del clásico, los diputados frenteamplistas Gustavo Bernini y Jorge Pozzi se fundieron en un apretado abrazo en el ambulatorio de la Cámara de Diputados. "¡Peñarol nomá!", festejó Bernini y entró a sala, donde se discutía la ley sobre los festejos para el Bicentenario.

Casi al mismo tiempo, el diputado colorado Fitzgerald Cantero salió de la sala de reuniones de Vamos Uruguay, donde siguió el final del partido por internet con otros colegas colorados, la mayoría hinchas tricolores. "¡Peñarol campeón!", informó entusiasmado Cantero a varios funcionarios del Palacio. El diputado sanducero Walter Verri, que siguió el encuentro con Cantero, descargó la bronca: "Lo bueno es que (Eduardo) Acevedo se va. Agarró un cuadro ganador y mirá lo que hizo".

El diputado colorado Aníbal Gloodtdofsky, que presidía la sesión y es hincha de Defensor, informó a los legisladores en sala: "Se da cuenta que Peñarol es campeón uruguayo".

Generó un tímido aplauso de varios legisladores y gestos de desaprobación de otros. "No nos tocó", lamentó Fernando Amado.

Contra todo pronóstico, la Cámara logró el quórum para sesionar mientras se jugaba el clásico. Pero diputados y funcionarios estaban con un oído en la sala y otro en el partido, con radios prendidas y alguna laptop abierta.

"Me muero si no hay sesión. Vine expresamente y no fui al estadio", contó el frenteamplista Carlos Varela antes del inicio de la reunión. "Seguramente seremos tres gatos locos", especuló. Pero eran 27 diputados y la sesión arrancó. Al final se presentaron 74 diputados.

"¿No hay cable?", preguntó Varela.

Hasta 2009 el Frente compartió el contrato del cable con la Lista 15, pero los colorados se mudaron y el Frente renovará el contrato en junio, para el Mundial.

"Yo dije que teníamos que ponerlo en mayo", reprochó una secretaria frenteamplista.

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