BUENOS AIRES | LA NACIÓN / GDA
El estrecho y laberíntico pasillo parece no tener fin. De pronto, un cartel pintado con aerosol lo resume todo: "Nadie me quiere, todos me odian, me disen (sic) pobre `fisura`". Los narcos están en el centro de las villas y no parece que saldrán pronto de allí.
En la porteña villa 9 de Julio, en Billinghurst, la guerra entre narcos lleva más de una década. El negocio de las armas y la droga en ese barrio habría sido manejado históricamente por Gerardo y Gustavo Goncebat.
En un momento, Gustavo cayó preso y Gerardo desapareció. En el barrio decían que había fingido su propio secuestro, que había cobrado dos veces el rescate y se había escapado hacia México. Corrían los primeros años de la década y el mando lo habrían heredado Javier, Ezequiel y Diego Pacheco.
Los Goncebat y los Pacheco siempre estuvieron enfrentados con otra familia, los Gómez, por el manejo del territorio. La disputa, a lo largo de los años, se cobró varias vidas.
En septiembre pasado, la policía bonaerense irrumpió en una reunión de narcos en la villa 9 de Julio, donde se repartían sus zonas de influencia. Hubo dos narcos muertos y siete detenidos, dos de los cuales resultaron gravemente heridos.
"Gerardo Goncebat quedó paralítico", dijo un jefe policial. Y agregó: "Después del tiroteo, se guardaron un poco, pero el negocio sigue".
En Buenos Aires, cada villa tiene su particularidad: los narcos operan según las características del asentamiento.
En el conurbano sur, por ejemplo, quienes se encargan de la venta de pasta base son grupos familiares, según detectives del narcotráfico. "Se usan menores, ancianos, embarazadas, porque son mano de obra barata y porque por su condición quedan en libertad."
En Zabaleta suelen echar por la fuerza a los humildes dueños de casas precarias de material para instalar sus "quioscos" de venta de drogas.
Cuando uno es detenido, el negocio no termina: horas después ya hay otra persona que abrió el lugar y sigue con la venta. No hay una banda en particular sino varias que están bien organizadas y armadas.
En Ciudad Oculta, en Mataderos, los puestos de venta de droga, sobre todo de pasta base, son regenteados por mujeres embarazadas o madres solteras. "Compran las tizas de droga, las rayan y hacen las dosis de pasta base", afirmó un vocero judicial.
Otra villa conflictiva es la del Bajo Flores u 1-11-14, donde todavía existe un dominio territorial de Marco Antonio Estrada González, alias "Marcos", ya detenido y a la espera de ser juzgado.
En febrero pasado, detectives de la División Operaciones Metropolitanas de la Policía Federal, al mando del comisario Enrique Villarruel, detuvieron a un delincuente de nacionalidad peruana conocido como "Feite".
Según informaron los voceros policiales y judiciales, Feite era un lugarteniente de Marcos, le llevaba la contabilidad de los negocios espurios de la droga. Fue apresado en un pasillo cuando intentaba escapar del procedimiento policial.
En una casilla que funcionaba como taller textil, secuestraron 30 kilos de marihuana. "Los narcos protegen a sus clientes y consumidores. La gente que llega a la villa 1-11-14 para comprar cocaína es custodiada", afirmaron fuentes consultadas.
Marcos, al igual que otros narcos de la villa 1-11-14, fue integrante del grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso. Reinó en el Bajo Flores con el poder de la droga y de las balas: allí se llegó a contabilizar una veintena de muertes.
Fue apresado en Paraguay, donde se había escapado para huir de la Justicia argentina.
Los narcos, como en el caso de Feite, nunca acopian en la casilla donde viven la droga que tienen para vender; lo hacen en otros lugares para tratar de evitar que los acusen de ser dueños de los cargamentos.
Este mes, en el barrio Rivadavia, a pocos metros de la 1-11-14, fue hallado asesinado de un balazo en el pecho Rodrigo Ezcurra, un estudiante de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, vecino de Palermo. Se sospecha que fue ultimado en un robo después de haber comprado droga en el asentamiento.
"Sin una integración de las villas a la ciudad va a crecer el caldo de cultivo para que los chicos sigan consumiendo. Tiene que haber una política de Estado para combatir este flagelo, porque en los barrios donde domina la pobreza y la exclusión, muchas veces la primera oportunidad que tiene la gente es la droga. Por ejemplo, en esta zona de la ciudad hacen falta tres escuelas", afirmó el sacerdote Gustavo Carrara, que lleva adelante su tarea pastoral y misionera en la 1-11-14.
Carrara fue uno de los denominados "curas villeros" que en el mes de abril del año pasado firmaron un documento en el que denunciaron la situación: "La droga está despenalizada de hecho. Se la puede tener, llevar, consumir, sin ser prácticamente molestado. Habitualmente, ni la fuerza pública ni ningún organismo que represente al Estado se mete en la vida de estos chicos, que tienen veneno en sus manos".
La cifra
5 Son los millones de dosis de pasta base que se secuestraron en allanamientos a las villas porteñas desde febrero de 2009.
Temen por la "favelización" en Buenos Aires
Desde febrero de 2009 hasta la fecha, en Buenos Aires se realizaron 135 allanamientos en villas miseria.
En este tiempo se originaron 65 causas judiciales vinculadas al narcotráfico en las que se secuestraron 5.000.000 dosis de pasta base, 2.800.000 dosis de marihuana, 31 armas de fuego, 500 proyectiles y dos chalecos antibalas. De las 107 personas detenidas, 50 esperan ser sometidas a juicio.
Estas estadísticas tienen dos lecturas; la primera, que la policía es cada vez más eficaz, ya que los golpes al narcotráfico aumentaron año tras año; la segunda, que cada vez circula más droga.
Un miembro de la cúpula de la Policía bonaerense aseguró que "lo que más nos incomoda es el crecimiento de la venta en los barrios".
"Mientras podamos ingresar con la Policía, no se puede decir que las villas porteñas están favelizadas. De los 135 allanamientos hechos, en una sola oportunidad un sospechoso abrió fuego contra la policía", dijo una alta fuente judicial.
Pero el temor igual existe. Marcelo Giacoia, juez de menores de Mercedes, comentó que "el Estado no llega a los barrios marginales. Hay una intención en lo discursivo, pero no se instrumenta. Entonces, los derechos económicos y sociales, cuando el Estado no está, los pueden satisfacer los narcos. Si esto no cambia, nos acercamos a una favelización" LA NACIÓN / GDA.