Voto castigo

Pocas veces una gestión pública resulta tan merecedora del llamado voto castigo como es el caso de la cumplida por los responsables de la intendencia de Montevideo. Una gestión tan mediocre como la realizada no debería recibir otra cosa que la reprobación del electorado, incluidos aquellos votantes imbuidos de la idea de respetar rígidamente la disciplina partidaria y que desde hace cuatro elecciones sufragan por cualquier candidato que el Frente Amplio les ponga por delante.

Aunque sea una heladera, como dijo una vez Raúl Sendic.

El poco entusiasmo que suscita la candidata oficialista y la flojedad de sus propuestas, son elementos que condicen con la tortuosa forma en que la eligieron, a espaldas de la gente y en contradicción con las preferencias del electorado de izquierda. La labor de Arana, sobre todo en su segundo mandato, y después la de Ehrlich, cerraron un período nefasto para los habitantes de esta ciudad, acosados por altos impuestos, tránsito desordenado, aceras rotas, desidia de los funcionarios municipales y esa omnipresente sensación de abandono y suciedad que se respira en Montevideo.

Para castigar en las urnas ese fracaso hay varios recursos. Uno es votar a otros candidatos, los que no representan la continuidad de Arana-Ehrlich, aun a sabiendas de que les será difícil triunfar en los comicios, pero con la certeza de que así se marcará el descontento.

Otro recurso es votar en blanco, forma poco agradable de resolver el dilema, pero también efectiva para asentar la protesta.

La aplicación masiva de tales mecanismos será el mensaje de desaprobación que el Frente Amplio se merece por su pésima gestión en Montevideo. Se acerca la hora de castigarlos.

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