Un artista a la hora del balance

| Una enfermedad terminal acecha al creador de la clásica "Busco mi destino"

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THE NEW YORK TIMES | MANOHLA DARGIS

Dennis Hopper, actor, director, fotógrafo, coleccionista de arte, autoincendiario de dimensiones globales, superviviente de primera clase, nunca falla.

A diferencia de los villanos y los excéntricos que ha interpretado a lo largo de las décadas (el psicópata con complejo de Edipo de Terciopelo azul, el terrorista loco de Máxima velocidad) ha sobrevivido a través de los buenos tiempos, los malos y algunos espectacularmente terribles. Salió de la era dorada de Hollywood para entrar en una nueva época con Busco mi destino. Estuvo con James Dean, interpretó a un hijo de Elizabeth Taylor y actuó para Quentin Tarantino. Ha sido rico e infame, perdido y encontrado, fue la próxima gran cosa y también el último que resiste.

Recientemente Hopper, que cumple 74 años el 17 de mayo, ha estado de nuevo en los titulares. En marzo, su abogado en un complicado caso de divorcio de su quinta esposa anunció que tenía un cáncer de próstata terminal y que estaba demasiado enfermo para presentarse en la corte. La misma semana, un demacrado pero sonriente Hopper recibió, acompañado por Jack Nicholson, una estrella en el Hollywood Boulevard. Nicholson, ubicado cerca de Hopper, lucía un sensacionalmente horrorosa camiseta decorada con las barras y las estrellas, y la imagen de los dos condenados motociclistas de Busco mi destino, la película que hizo de Hopper un director y que sacó a Nicholson de la irrelevancia de la clase B. Fue un típico momento de Hollywood, ridículamente sublime y muy real.

Fue también una situación muy característica de Hopper, quien ha oscilado entre realidades contradictorias a lo largo de gran parte de su carrera, desde usar taparrabos en Tarzan and Jane, regained sort of ... hasta ser el siniestro enemigo de John Wayne en Los hijos de Katie Elder. Inspirado por Vincent Price (sí, ese Vincent Price) se convirtió en coleccionista de arte: comenzó comprando un par de Warhols tempranos por setenta y cinco dólares y continuó con obras de gente como Roy Lichtenstein, Jasper Johns y Jean-Michel Basquiat. Más tarde, cuando se estrenó Busco mi destino, Warhol habló de su influencia sobre el actor de "los ojos de loco".

En el caso de Hopper, las influencias pueden ser acaso más claras de lo que pueda pensarse a primera vista, vinculando por ejemplo la bandera americana en una pintura de Johns con la que Peter Fonda utiliza como un blanco en la espalda de su chaqueta de motociclista en Busco mi destino. Hopper, que también se ha dedicado a la pintura y la fotografía en diversos momentos de su vida no tiene solamente buen ojo para comprar arte ajeno: también ha exhibido un criterio estético propio y rupturista. Entre las más sorprendentes estrategias formales de Busco mi destino figuran algunos enérgicos recursos de montaje que han sido la marca de fábrica del autor de `collages` y cineasta de vanguardia Bruce Conner.

Busco mi destino conserva un lugar privilegiado en la historia del cine norteamericano, no tanto por sus experimentos formales como por su impacto en la industria cinematográfica, según lo advierte desde el título el popular libro de Peter Biskind, Easy riders, raging bulls: how the sex-drugs-and-rock `n` roll generation saved Hollywood. Habiendo costado cuatrocientos mil dólares, ese film de motociclistas recaudó veinte millones en el momento de su estreno, probando que la contracultura podía ser un buen negocio. En el verano de 1969, el público joven pudo ver en la pantalla personajes con los que podía identificarse.

La película se convirtió en el modelo de un nuevo cine norteamericano, joven y emancipado de los viejos criterios de los estudios, una declaración de independencia creativa que duró, en teoría, hasta que el gran tiburón blanco de Steven Spielberg devoró las taquillas seis años después, iniciando la Era del Blockbuster.

Por su parte Hopper, a quien Biskind describe como "un gurú de la contracultura enloquecido por las drogas", permanece como el personaje central en la leyenda de Busco mi destino, porque la dirigió, editó y protagonizó, pero también porque le impuso su propio tono personal, permeado por la droga y el delirio (Hopper y Fonda comparten créditos de libreto con Terry Southern).

Hay claroscuros en esa leyenda, y Biskind termina su capítulo sobre Busco mi destino con una referencia a los crímenes de la familia Manson, lo que resulta revelador del perfil de Hopper como el loco de Hollywood. Es una imagen que el propio actor, quien se describe a sí mismo como "un maníaco", nutrió con viajes de ácido, fetichismo armamentista, una tendencia a pelearse con los periodistas y a la violencia en general que terminó con la ruptura de la nariz de su primera esposa, Brooke Hayward.

Biskind entierra el movimiento del Nuevo Cine norteamericano de los tardíos sesenta y tempranos setenta con un capítulo titulado La pifiamos, una línea de diálogo que proviene de Busco mi destino. Quienes conocen el acto siguiente de la vida de Hopper piensan acaso lo mismo. En 1970 comenzó a filmar The last movie, un título profético si los hubo. Financiado por Universal viajó a los Andes peruanos para hacer un film sobre un doble de acción que luego de filmar una violenta película "a la Hollywood" decide no volver. Interpretado por Hopper, el personaje se involucra con una prostituta local, coordina `shows` sexuales para turistas lujuriosos, habla sin parar sobre El tesoro de Sierra Madre y participa en otra filmación, planificada como una ceremonia ritual indígena. El film no hizo dinero, fue ridiculizado, y Hop-per desapareció del mapa hasta que viajó a Filipinas en 1976 para comenzar a trabajar en Apocalypse Now de Coppola.

El humor, el horror

Pocos actores son capaces de desenvolverse en la línea entre el terror y la comedia con la soltura con que Dennis Hopper lo hace con su sorprendente actuación en Terciopelo azul de David Lynch. Algunos se preguntan dónde termina el personaje y dónde empieza Hopper. No es posible saberlo, y justamen- te ese "espacio del desconocimiento" es el espa-cio en el que Hopper trabaja. Es, junto con Busco mi destino, una de las cosas por las que se lo recordará.

Una película "maldita" que no llegó a ser vista por casi nadie

Lisérgica y lírica, atractiva e irritante, The Last Movie es una película bastante menos incomprensible de lo que su reputación sugiere. Hopper ha dicho que era "una historia sobre América", y ha comparado la película con "una pintura abstracta, expresionista, donde el pintor muestra las líneas del lápiz, deja algunos lienzos vacíos, muestra alguna pincelada, permite que caiga alguna gota". La famosa crítica Pauline Kael atrapó la metáfora y observó que el estilo de edición de Hopper, mucho más frenético que en Busco mi destino, era como si estuviera apuñalando sus propios lienzos. Existe cierto consenso en que Hopper hundió su carrera, más allá del alcohol y la droga, con actitudes como la foto de tapa de Life en la que se lo veía con sombrero negro, una flor en una mano y una pelota de fútbol en la otra, mientras adentro declaraba: "Soy una maravilla".

El artista que eligió un camino propio

En febrero pasado, el columnista de Variety y antiguo eje-cutivo de los estudios Peter Bart, reflexionando sobre la carrera de Hopper, sostuvo que éste, pese a sus notables condiciones como actor, director, coleccionista de arte y fotógrafo, ha hecho todo lo posible por autodestruirse en cada una de esas áreas. Bart señala que parece "imposible" que alguien pueda haber actuado en una película como Gigante de George Stevens para luego liquidar su carrera como actor, o dirigido una película seminal como Busco mi destino para después desaparecer como cineasta. Es una manera de ver las cosas, pero exhibiciones en salas de arte, retrospectivas y libros como Dennis Hopper & the New Hollywood y Dennis Hopper: Photographs 1961-1967, revelan una vida diferente, que acaso Bart probablemente no llegue a comprender de una manera cabal.

En esa vida no encaja viejas o nuevas nociones de estrellato porque Hopper planeó su propio curso desde el principio. Cuando firmó su primer contrato con Warner en 1955 el sistema de estudios estaba colapsando. Abandonó el estudio, se fue a Nueva York a estudiar con Lee Strasberg, y colaboró en un proyecto artístico con Marcel Duchamp. Fotografió a sus famosos amigos dentro y fuera del set, y también a Martin Luther King Jr. en Alabama. Ayudó a convertir a Jack Nicholson en una estrella y le dio el puntapié inicial al Nuevo Cine americano. En realidad no está tan mal para alguien que "la pifió".

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