Hace veinte años, cuando asumió el gobierno de Montevideo, el Frente Amplio prometió que haría "temblar las raíces de los árboles". Que se erradicarían los basurales. Que se duplicaría la contribución inmobiliaria a quien tuviera una vivienda vacía, para atender el problema de la vivienda. Que se castigaría con más impuestos a los propietarios de terrenos baldíos. Que la comuna fabricaría pan. Y que las intentonas privatizadoras del gobierno colorado de la capital entre 1985 y 1990 serían abortadas.
El entonces intendente Tabaré Vázquez hizo poco o nada de lo que prometió para ser electo. En su lugar, aumentó fuertemente los impuestos de los montevideanos, en especial de los que residían en la zona de la costa. Pero no para disponer de más dinero para hacer obras, sino para aumentar exponencialmente el presupuesto de sueldos de la comuna. El sindicato de funcionarios municipales agradeció el gesto con cinco años de paz. La ciudad se quedó esperando la anunciada revolución.
Cinco años después los montevideanos renovaron el crédito al Frente Amplio. Eligieron como intendente al arquitecto Mariano Arana. Al fin un urbanista, un enamorado de la ciudad, clamaron muchos.
Arana vino por cinco años y se quedó una década. Fue mucho tiempo para hacer tan poco. La ciudad siguió sucia. El tránsito en caos. No hubo un solo proyecto innovador para la ciudad. Siguieron los inspectores escondidos detrás de los árboles. Floreció la industria de la multa. Y nació la prepotencia de Autoparque.
Fueron los años de la concesión de Carmitel del Hotel Casino Carrasco y de los desaguisados posteriores. De prometer a los municipales más de lo que se podría pagar y de perder juicios millonarios que pagaron los montevideanos. Tiempos en que los casinos municipales arrojaron pérdidas millonarias en función de acciones y omisiones que la Justicia está analizando.
Vino Ehrlich. Fueron cinco años. Parecieron veinte. El tiempo pasó demasiado lentamente. Quizá porque todo, durante la administración municipal saliente, se hizo lentamente. Casi hasta con desgano. Como premio, como antes había sucedido con Arana, un ministerio y de esto no se habla más.
Las encuestas dicen que ahora vendrá Olivera. Una candidata que no entusiasma ni a los propios frenteamplistas.
Está claro que los partidos tradicionales no han sabido, en Montevideo, hacer oposición. Han sucedido y están sucediendo, durante las administraciones comunales frenteamplistas, cosas singularmente más graves que aquellas por las que la propia izquierda, en la segunda mitad de los ochenta, logró sacar al entonces intendente Elizalde de su cargo y estigmatizar su nombre y su gestión toda, alfombrando el camino para el triunfo de Vázquez en 1990. ¿Pero quién las pone sobre la mesa?
El que calla, en estas cosas, no sólo otorga. También incumple con su función de contralor y denuncia. Y eso es grave.
elpepepregunton@gmail.com
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