Benedicto XVI dijo hoy que buscar atrasar la muerte "de manera indefinida", como intenta hacerlo "la ciencia médica actual" llevaría al ser humano "no hacia un paraíso, sino más bien hacia una condena", porque la úniva verdadera inmortalidad debe ser buscada en la renovación de la fe.
En su homilía durante la misa de Vigilia Pascual en la basílica de San Pedro, el Papa habló del mito del "remedio de la inmortalidad" que desde siempre persigue el hombre, "y los hombres siguen buscando esta sustancia", subrayando que "aún la ciencia médica actual busca, si no es excluirla, por lo menos atrasar la muerte siempre más".
Benedicto XVI invitó a los fieles a reflexionar sobre esta tentación de la inmortalidad, observando que si el ser humano lograra cumplir este sueño, "la humanidad envejecería en modo extraordinario y la juventud ya no tendría más lugar".
"Se apagaría la capacidad de innovación, y esa vida interminable sería no un paraíso, sino más bien una condena", dijo el Papa.
"La verdadera yerba medicinal contra la muerte debe ser vista en modo diferente: no debería llevar a un alargue indefinido de la vida actual, sino a una transformación de nuestra vida desde adentro", agregó el pontífice.
Para lograr este objetivo de "crear una vida nueva dentro de nosotros -concluyó Benedicto XVI- el único camino es la fe, como nos demuestra el sacramento del bautismo, que al permitirnos de abrazar la fe representa a Cristo mismo, o sea el árbol de la vida vuelto nuevamente accesible".
El Papa abrió su homilía citando una antigua leyenda judía, contenida en el libro apócrifo de "La vida de Adán y Eva".
"Cuenta que Adán, en su última enfermedad, habría mandado su hijo Set junto a Eva en la región del Paraiso, para que tomaran el aceite de la misericordia, para que él pudiera ser ungido y curado", narró Benedicto XVI, insistiendo en que la misión estaba condenada al fracaso, por la predicción efectuada por el Arcángel Miguel, cuando echó a la primera pareja humana del Jardín del Eden.
El Papa recordó que para "los lectores cristianos" la condena del Arcángel contiene un posible consuelo, ya que "luego de 5.500 años habría llevado el Rey Cristo, Hijo de Dios, para ungir con el aceite de misericordia todo el que creyera en él", a través de la esperanza de la Resurrección, que se ve cumplida en el misterio de la Pascua.
Durante el largo ritual de la Vigilia Pascual, Benedicto XVI administró el sacramento del Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión a seis adultos, dos hombres y cuatro mujeres: una mujer somalí, una sudanesa y dos albanesas, así como un hombre ruso y uno japonés.
Antes del comienzo de la misa solemne, el Papa cumplió con el tradicional rito de la bendición del fuego, en el que luego es encendido el cirio pascual.
ANSA