Antonio Mercader
Cuando habla el presidente, habla la nación". Según Tabaré Vázquez, eso se lo advirtió Miterrand, razón por la cual el ex presidente aseguró que siempre fue cuidadoso de sus dichos en público. No compartí esa aclaración de Vázquez en vísperas de dejar el cargo. Si se hubiera referido a hechos de su gobierno sería distinto, pero si se trata de sus dichos, bueno, los hay poco cuidadosos. Aquí van algunos ejemplos:
Su ultimátum a la oposición en 2005 cuando se negociaba la coparticipación en los entes ("Si el próximo lunes 2 de mayo...", intimó).
Sobre el conflicto con Argentina, al anunciar su "acuerdo" con Kirchner por las papeleras y pedirle a Botnia la "suspensión de las obras" (felizmente, la compañía no le hizo caso).
Respecto a otros países, cuando descartó el TLC con EE.UU. y optó "por un acuerdo marco de comercio e inversión"; cada vez que repitió la frase "necesitamos más y mejor Mercosur"; cuando en Hanoi dijo que Uruguay y Vietnam (una dictadura comunista) eran dos países amantes de la democracia; al elogiar a Castro en su visita a Cuba ("siempre aprendí mucho con Fidel").
Cuando alardeó en 2007 sobre las bondades de su "política penitenciaria más acorde con la Constitución y los tratados internacionales".
Sus injerencias en política interna del Frente Amplio (prohibidas por la Constitución) como en 2008, cuando proclamó la "fórmula Astori-Mujica", que a la postre triunfó, pero con esos nombres al revés.
Su discurso de dos horas y media en plaza Independencia, en marzo de 2009, para atacar a la oposición y burlarse de Larrañaga intentando imitar su voz (algo que Miterrand no hubiera hecho).
Sus mandobles contra la prensa como el día en que citó los medios que, según él, eran "opositores" a su gobierno, así como las acusaciones a los periodistas de "exagerar los problemas de seguridad pública".
En las oportunidades en que defendió su absurdo plan de trasladar los restos de Artigas al Palacio Estévez reconvertido en museo.
Sus argumentos para cambiar la celebración de las fechas patrias, incluida su peregrina idea de concentrar las efemérides el 19 de junio, día del nacimiento de Artigas, entreverado con los actos del "Nunca más".
Cuando instó a votar "contra la ley de caducidad", finalmente ratificada por el pueblo en el plebiscito del 2009.
Gazapos tales como decir que "hay un poeta, Rabindranat Tagore, que es más conocido como Kahil Gibran...", pues es notorio que Tagore fue un filósofo indio y Gibrán un poeta libanés. O, peor aun, el que perpetró al referirse a la "estatua de Mahoma" junto al Parque Hotel cuando en verdad es de Confucio (aparte de que el Islam no admite estatuas de Mahoma).
Todos los autoelogios a su "reforma educativa".
Su discutible afirmación de que "el boxeo inculca principios y valores".
Por guevarista e inoportuna, la última frase de su discurso de despedida el 28 de febrero: "Hasta la victoria, siempre".
Esos son algunos de sus dichos que no comparto. Si Vázquez, fiel a Miterrand, pensó al decirlos que hablaba en nombre de todos los uruguayos, siento la necesidad de aclararlo: no en mi nombre.