DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Apenas pasó un año desde que Obama llegó a la Casa Blanca y todo el país parece agitarse en una nueva campaña electoral. El presidente recorre los estados que más han sufrido la crisis en apoyo a los candidatos al senado o diputados demócratas.
La campaña se debe a la elección de medio término (en noviembre se vota la nueva Cámara de Diputados y un tercio del Senado) y a la cruda realidad de perder las amplias mayorías en el Congreso.
Los republicanos a su vez, maltrechos todavía y sin nuevos planes, desde la impopular salida de la presidencia de W. Bush, se ven sorpresivamente, más por errores del oficialismo que por méritos propios, ante la seria posibilidad de recuperar la mayoría en la Cámara Baja y ganar bancas decisivas en el Senado. Y los más optimistas, de los sectores neo conservadores liderados por Dick Cheney y Sarah Palin, piensan en la victoria en el 2012, sostienen que "Obama es presidente de un solo mandato".
Las pérdidas del sillón senatorial que durante 42 años ocupó el fallecido Edward Kennedy en Massachusetts y antes la titularidad de las gobernaciones de Nueva Jersey y Virginia dieron el gran alerta de la caída de popularidad de Obama. Los demócratas que apuntaban todas sus baterías al " buque insignia " del primer mandatario, el Seguro de Salud para Todos, comprobaron que la encarnizada lucha que libraban en el Congreso por el proyecto, no era la prioridad del pueblo americano, castigado por un incontenible desempleo.
Las encuestas descubren el descontento popular. La CNN difunde que un 52% frente a un 44% no apoyaría a Obama si la reelección presidencial fuera hoy . El influyente matutino Washington Post, la cadena ABC y la famosa consultora Gallup, en un sondeo conjunto, dan cuenta que la imagen del inquilino de la Casa Blanca ha caído más de 10 puntos y se ubica en el 51%, mientras otros la llevan al 48 y 50% .
Voceros demócratas dicen que no deben alarmarse y recuerdan que al año de estar en el poder, Ronald Reagan, cayó al 42% y perdió 26 escaños, mientras Bill Clinton en ese mismo tiempo bajó a 48% y cedió 58 asientos de diputados y 18 del senado. Ambos fueron reelectos.
Pero este consuelo que esgrimen las bases demócratas no tranquiliza a la Administración Obama. El mandatario sale de la Casa Blanca cada pocos días y sube a los estrados partidarios en los más alejados y críticos estados, como si estuviera en plena campaña presidencial y reitera promesas, a las vez que suma anuncios "generosos" de fondos para recuperar empleos. Hace cuatro días ocurrió en Nevada, estado del presidente del Senado Harry Reid, al cual todos los sondeos lo marcan como seguro perdedor en noviembre en la puja contra el candidato republicano. Allí, en pleno acto político, Barack Obama salió públicamente en "salvataje" del legislador. Adelantó que promovería para ese estado la entrega de una partida multimillonaria para la creación de empleo. Y también, entre otros, California, del gobernador republicano, Arnold Swazeeneger, en franca impopularidad.
Las familias americanas en tanto están en "pie de guerra". El desempleo se sitúa entre 10 y 9,7% , porcentaje que en círculos oficiales sostienen permanecerá inalterable hasta los primeros meses del 2011. Hay 15 millones de estadounidenses sin trabajo, 7 millones que han perdido el empleo en el último año. El descontento es creciente. Pero no sólo Obama es blanco de las criticas, también y aun con mayor vehemencia, embisten contra el Congreso, sólo un 20% lo mira con buenos ojos y el 80% rechaza su gestión.
El próximo jueves la Casa Blanca será la sede de una reunión, convocada por el presidente, con congresistas demócratas y republicanos. Los temas fundamentales serán; el desempleo, un nuevo proyecto de seguro sanitario, sin intervención del Estado, es decir sin opción pública y la búsqueda de soluciones para reducir el déficit fiscal.