LONDRES | THE ECONOMIST
Hace pocos meses, los expertos en inteligencia dijeron que Al Qaeda y sus aliados estaban en declinación militar e ideológica. Pero, dos bombas con menos de una semana de diferencia-una exitosa y otra fallida- pusieron fin al optimismo.
Esa conclusión no había surgido de la nada, sino que en el enfoque de muchos analistas, el liderazgo central de la red fue diezmado a través de los ataques con aviones teledirigidos en el cinturón tribal de Pakistán, en tanto la rama saudita de Al Qaeda fue casi derrotada, sus hemanos en Irak quedaron marginados y los que se encuentran en otras regiones sólo podían lanzar ataques locales. Al Qaeda no pudo asestar ningún otro golpe a Occidente desde los ataques con bombas contra Londres, en 2005. Los recursos están en disminución y más musulmanes rechazan el terror global.
¿Cuánto ha crecido realmente la amenaza de Al Qaeda? Un problema para encontrar una respuesta es que Al Qaeda resulta una nebulosa: es, a la vez, una organización secreta, una red de grupos militantes y una revuelta social difusa.
Incluye un núcleo de líderes en torno de Osama bin Laden y Aymar Al Zawahiri, que se presume encontraron refugio en la frontera agreste de Pakistán, después que fueron corridos de Afganistán. El corazón de Al Qaeda todavía intenta organizar ataques contra Occidente, pero quizás su mayor tarea es proveer inspiración ideológica a través de Internet.
Varias "franquicias" utilizan el nombre de Al Qaeda -especialmente en Irak, Yemen y el Maghreb- para operar con mucha autonomía. Al Qaeda también cuenta con una red de aliados que incluye a extremistas afganos, paquistaníes y kachemiros, así como el movimiento Shabaab, de Somalia, rebeldes chechenos, militantes indonesios y otros. Un movimiento social más amplio aún puede incluir a grupos radicalizados de jóvenes musulmanes que viven en Occidente. Un campo fértil de reclutamiento es entre los reclusos que se han convertido al Islam.
Algo tan amorfo resulta difícil de ser derrotado. Los ataques pueden provenir de cualquier lugar. Se puede dar muerte a comandos de Al Qaeda, pero sus ideas perduran. Las denuncias de antiguos combatientes de la jihad, la guerra santa islamista pueden afectarlo, pero el movimiento se nutre de fuentes profundas de odio a Occidentes. Si la jihad zozobra en un escenario como Irak, los militantes se dirigen a otro lugar: por ejemplo, a Yemen o Somalia. El éxito de un grupo impulsa a otros.
EXTENDIDA. Los grandes planes necesitan tiempo y espacio de preparación. Los más ambiciosos, que pueden incluir materiales biológicos o nucleares, probablemente requieren enormes sumas de dinero y una base estable para investigar y probar técnicas. Así surge la importancia de tener refugios en zonas que no son gobernadas. Los santuarios actuales de Al Qaeda -ya sea en la frontera tribal de Pakistán, en remotos rincones de Yemen, en Somalia o el desierto de Sahara- constituyen una preocupación. Pero, ninguno se compara con el refugirio que tuvo en Afganistán.
Pese a todo, en la parte más atacada de Pakistán, el cerno de lídres de Al Qaeda igual tuvo la capacidad de poner a un doble agente contra la CIA y asestar un golpe doloroso. El servicio de inteligencia interno de Gran Bretaña, el MI5, dice que tres cuartos de las tramas que enfrenta tienen vínculos con Pakistán.
Otra parte de la red que ha sido fortalecida es el grupo con sede en Yemen, que se fusionó el año pasado con los remanentes del movimiento en Arabia Saudita. Su resurgimiento fue fomentado por dos factores. El primero, es el debilitamiento de un ya frágil Estado yemenita, debido a las declinantes reservas de petróelo y agua, una rebelión shiita en el norte y secesionismo en el sur. El segundo, es el flujo de combatientes con experiencia, proveniente de una gran fuga de una cárcel en 2006 y de ex reclusos de Guantánamo.
La cifra
15 Son los ataques con aviones teledirigidos que lanzó Estados Unidos contra Al Qaeda en la frontera afgano-paquistaní este año.