Abriendo el baúl de los recuerdos

JORGE ABBONDANZA

Se sabe que el pasado no vuelve, pero sin embargo hay una excepción a esa regla. La excepción es el cine, porque la reposición de una antigua película puede dar vuelta el túnel del tiempo y permitir que el espectador viaje alegremente hacia atrás. Así ocurre cuando la película se convierte en una pequeña fuente de disfrute, como pasó hace unos días al aparecer en la programación de un canal de cable Sombrero de copa (1935) donde Ginger Rogers y Fred Astaire bailaban gloriosamente Cheek to Cheek. Pasó también con la reaparición de La pícara puritana (1937) donde Irene Dunne y Cary Grant compartían el apogeo de la comedia mundana, ese género que en la época tuvo su esplendor, aunque después el viento se lo llevó.

La gente interesada en ubicar esa clase de reliquias, debe saber que en este mes de enero podrán verse en televisión cosas tan añejas -y a veces arqueológicas- como El hombre invisible (1933), Las aventuras de Robin Hood (1938), El mago de Oz (1939) o Murieron con las botas puestas (1941), sin olvidar un modelo de comedia llamado Pecadora equivocada (1940, con Katharine Hepburn, Cary Grant y James Stewart) que la televisión ha bautizado como La historia de Filadelfia, un nombre que responde fielmente al título original en inglés. En canales como TCM o Citystars suelen asomar esos ejemplos de un cine de anteayer. Hay que estar atento.

Pero este mes también figura un ciclo llamado "Leyendas del Cine", donde se repasa la carrera y la vida de celebridades como Shirley Temple, Laurence Olivier, Vivien Leigh o Marilyn Monroe, nada menos. En todo caso hay que tomarse el trabajo de examinar la revista mensual del cable y zambullirse en su copiosa programación cinematográfica, para detectar esas ventanas que se abren sobre un remoto pasado donde la pantalla no era todavía electrónica. Puede ser una manera de refrescar la memoria mientras pasan otras cosas menos frescas, como los calores de enero.

Entre miles de películas de relleno, a veces abominables y a menudo desabridas, están los alivios ya señalados y otros casos donde resucitan las estampas de Grace Kelly, Alec Guinness, Audrey Hepburn, James Dean o Henry Fonda, esos difuntos ilustres. La nostalgia no siempre es malsana y a veces puede ofrecer placeres inesperados.

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