Leonardo Guzmán
Escribanos en paro. Juzgados y trámites detenidos, ahora por huelga informática.
Un raudo viaje del Presidente de la República a Madrid se anunció "privado", pero allá voló con Ministro y Presidentes de Entes, prestos a reunirse con empresarios -ellos sí, privados. En España se mueve como Pedro por su casa Enrique Iglesias que, con talento y señorío, honra y sirve a su Uruguay. Pudo ser contacto de alcurnia. Se optó por Paco Casal.
El Presidente llama oligarcas a los clientes de los shoppings. Ante los reparos sobre el estado de nuestra seguridad -jurídica y a secas-, responde que no ha de ser tan mala pues nos llegan inversores que no son "belinunes" -calco orillero y lunfardo del insulto genovés que alude al órgano de la masculinidad e identifica el plano en que gesta parte de sus ideas el hablante.
Si con ese exabrupto se conformara la ciudadanía, echaríamos por la borda una oportunidad de oro. No la generan los mercados internacionales que, mientras se hunde Irlanda y se sobresaltan los Bancos Centrales europeos, siguen dejándonos buenos precios. Surge del planteo lúcido que formuló Ernesto Talvi desde Ceres, cuando al examinar contextos económicos incluyó al Derecho. Algunas crónicas dijeron que se salió de su tema. Al contrario: por fin alguien lo completó.
El Derecho es una inmensa empresa ética y hasta caballeresca para ordenar con rigor lógico lo que desordena el quehacer de simples mortales y encumbrados transeúntes del poder. La lucha por el Derecho no es tema sólo de las profesiones normativas -abogados, escribanos, contadores- sino de todos los hombres que aman al prójimo como a sí mismos y ascienden a los planos lógicos en que, como enseñó Whitehead, la idea aritmética de número o la idea algebraica de magnitud se unen con la idea y el sentimiento del Bien. El Derecho no es un corsé apretado entre forcejeos argumentativos de intereses sino el fundamento que, elevándose por sobre esas pujas, busca la mayor justicia y la mayor paz posibles. Fue arduamente construido para la libertad, que no es sólo política sino "civil y religiosa", como declaró nuestra pre-Constitución del Año XIII y antes vieron claro los hombres de la Ilustración.
Preocuparse por el Derecho desde la vida económica es, pues, regresar a las fuentes nutricias de la libertad. Ese retorno vale no sólo para la teoría sino para la vida cotidiana de cada persona. El Uruguay lleva décadas enfermándose con un materialismo ramplón, que reduce la historia -drama moral del pensamiento y la acción- a mera lucha de clases y que separa al Derecho de la economía, los sentimientos y los valores. Malas lecturas de Marx y el positivismo kelseniano han hecho que se olvide a innúmeros autores -Petrazyski, Max Weber, Durkheim, Schumpeter, Sorokin y más- que tienden luz unificante sobre hombres y pueblos que levantan Derecho y economía con esfuerzo en paz: cultura.
A ese olvido concurren las fallas educacionales que, junto con la inseguridad jurídica, nos clavan en el subdesarrollo y nos embretan en incultura masificada. El mensaje Talvi queda, pues, instalado en la plaza pública. Guante a recoger.