Sebastián Da Silva
Como se podrá observar estamos ingresando a la discusión presupuestal. El calendario de paros y huelgas así lo adelantan y como es costumbre en nuestro país los diferentes colectivos relacionados con el Estado ejercen la presión que entienden pertinente. La quintaesencia del corporativismo es la que se manifiesta desde agosto hasta diciembre, todos bailando el "Antón Pirulero", es decir atendiendo su juego.
A diferencia de otras ocasiones, este presupuesto se va a votar en un contexto diametralmente distinto a los últimos 30 años. En primer lugar porque va a ser el segundo presupuesto frenteamplista, que a diferencia del anterior no van a poder excusarse con la "herencia maldita", y por último es que esta asignación de recursos se va a dar en uno de los mejores contextos económicos que el Uruguay recuerde desde la guerra de Corea.
Por tanto no es una ley de presupuesto cualquiera, puede ser una del montón, que administre los reclamos sindicales, atienda más o menos algunas urgencias y todo siga medio igual, o de lo contrario sea una verdadera palanca para aprovechar el viento de cola que sigue llegando a orillas del Río de la Plata.
Creemos firmemente que buena cosa sería hacer una especie de pausa y reflexión, y que todo el sistema político determine las 5 o 6 prioridades nacionales y las potencie con recursos presupuestales.
Por ejemplo, existe consenso nacional que la educación es prioritaria, y también existe unanimidad en que la mejora de la educación no pasa solamente por darle más sueldo a los docentes ni por aumentar el porcentaje de producto bruto. ¿No será hora de ver el mapa del país, ver que se demanda, que se necesita y donde están los huecos para direccionar los recursos del estado hacia lo que esta haciendo falta? ¿Es lo mismo el híbrido universitario a la ex UTU o las escuelas de tiempo completo, en un país en donde sobran los escribanos y se tienen que traer soldadores de precisión para la planta de celulosa?.
Si todos nos definimos productivistas y la panacea batllista campea en el gobierno, ¿no será hora de ver región por región donde están las oportunidades de crecimiento y meter la mano del estado ahí, donde los cambios sean inmediatos?
¿Podemos seguir festejando las cifras de aumento del producto, mientras miramos azorados los 30 minutos de policiales en los informativos y no hincarle el diente a la seguridad?
Sinceramente olfateo cierta armonía en las cúpulas partidarias, el Presidente resultó ser el rey de los pragmáticos, los colorados están con un saludable viento moderno y a nosotros los blancos nos apasiona todo lo que sea discutir en positivo.
Hay espacio para poder dar esta discusión por lo alto, y definitivamente aprovechar la ventaja que nos da el destino de ser productores de alimentos que es y será lo más valioso de los próximos tiempos y lo que nos permitirá seguir en la senda del crecimiento.
Los próximos cuatro meses marcan el rumbo de los próximos cuatro años, no lo dejemos librado al sindicato más fuerte. Uruguay es uno y uruguayos somos todos, aprovechémoslo.