Montevideo

Gonzalo Aguirre Ramírez

Tenemos la convicción de que el próximo gobierno será ejercido por el Partido Nacional, encabezando una coalición gubernamental, porque no se contará con mayoría parlamentaria. Y porque, aún disponiéndose de ella, sería buena cosa que el gobierno fuera lo más nacional posible.

Hay compatriotas que creen, más bien temen, que el Frente Amplio vuelva a ganar las elecciones y debamos soportar otros cinco años de gobierno "progresista". Con el agravante de que el presidente no sería Vázquez sino Mujica, a quien no hay necesidad de descalificar. Porque es de mal gusto y porque toda la ciudadanía lo conoce. Para evitar una segunda victoria frentista que, a nuestro juicio, no se producirá por el natural desgaste que produce una insatisfactoria gestión de gobierno y porque la coalición no tendrá -como un lustro atrás- un candidato con ciertas aristas positivas, aparte de la inseguridad, la reforma tributaria "e ainda mais", hay que mirar al futuro y presentar planes de gobierno claros.

Ambos presidenciables del Partido Nacional los tienen y los han presentado. Y, dirimido el pleito interno, las dos propuestas se ensamblarán en único plan de gobierno, que será ejecutado por cualquiera que sea el ungido por voto popular.

Pero los partidos no sólo deben ser juzgados por sus propuestas de gobierno y por su visión del futuro. Como tienen historia y antecedentes, también deben ser valorados por sus obras. Por su forma de conducir el país, cuando tuvieron la responsabilidad de ejercer el gobierno, como la tuvimos los nacionalista entre 1990 y 1995.

Esa obra es un patrimonio común del Partido Nacional y no sólo de quien tuvo el honor de encabezar su gobierno. En su ejecución participaron políticos y técnicos que son de toda la colectividad, aunque transitoriamente, hasta el 28 de junio, acompañen a uno u otro de los precandidatos.

El espacio no nos permite recordar cuánto se hizo a nivel nacional, durante aquel quinquenio. Nos limitaremos, entonces, a señalar algunos de los muchos logros concretados en Montevideo, a pesar de que la Intendencia capitalina ya era frentista. Sólo en el área de la enseñanza pública, se trasladó a un nuevo local el Liceo Portones de Carrasco y se crearon once nuevos liceos (Nº 41 a 51).

Éstos fueron construidos en Cerrito de la Victoria, Euskal Erría, Rincón del Cerro, Melilla, Bella Italia, Paso de la Arena, La Teja, Manga, Punta de Rieles, Casabó y Nuevo París. Todo ello, con recursos de ANEP y del PRIS. Nuevas escuelas se abrieron en Casavalle, Nuevo París y Casabó, así como jardines de infantes en Villa García, Punta de Rieles, Casabó, Casavalle y Nuevo París. Y se creó y equipó la Facultad de Ciencias.

Sólo en la capital, el número de hogares con necesidades básicas insatisfechas bajó del 8,2% al 4,8%. En el área de la salud, se crearon, equipados a nuevo, los Centros de Salud de Piedras Blancas, el Cerro, la Cruz de Carrasco y Casavalle. Se amplió y equipó el Centro Nacional de Quemados y se culminaron las obras del Pereira Rossell: 25.000 m² de instalaciones hospitalarias al mejor nivel. Se modernizó el Puerto de Montevideo, se realizaron las obras de la Terminal y Shopping Tres Cruces, construyéndose el Shopping Punta Carretas y el de Portones. Se financió el 50% de la Etapa II del saneamiento capitalino y el programa de saneamiento de la cuenca de los arroyos Miguelete, Las Piedras y Pantanoso.

Mucho más se hizo, sólo en Montevideo, pero el espacio impone el punto final.

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