RUBEN LOZA AGUERREBERE
Nacido en Jerusalén en 1939, Amos Oz es una de las personalidades sobresalientes de la literatura contemporánea. Entre otros galardones, mereció el premio Príncipe de Asturias y el Premio Israel de Literatura. Es candidato al Nobel literario. Todo lo debe a una obra vasta y rica, entre cuyos títulos debemos mencionar algunos tan seductores como las "nouvelles" reunidas en "Hasta la muerte", "Una historia de amor y oscuridad" y "De repente en lo profundo del bosque". A estos libros cabe agregar la reciente edición española de "La historia comienza" (Siruela/Gussi, como los anteriores), en cuyas páginas analiza el estilo en que dan comienzo algunas historias maestras de la literatura universal. Pero lo hace con una singularidad: sólo limitándose a los comienzos. Los autores que escoge son, entre otros, nada menos que Gógol, Chéjov y García Márquez.
El padre de Amos Oz escribía "libros sesudos", rodeado de textos de consulta, cuenta el escritor, y sentía cierta envidia por la libertad que disponía su hijo, que redactaba novelas. Lo que ignoraba su padre era que Amos Oz, en su escritorio, se enfrentaba nada menos que a la hoja en blanco: "Sólo yo y el vacío y la desesperación", como bien dice. En verdad, no es fácil hacer algo de la nada.
Es por aquí que analiza qué hay que decir en el primer capítulo, o bien en el primer párrafo de una narración. Esto le ocurre cotidianamente al escritor de cuentos, al novelista, a quien escribe en serio. No a tantos que hoy escriben pero nunca han leído nada. Amos Oz habla, en su libro, de autores de verdad. Así, en "La dama del perrito", el célebre cuento de Chéjov, el personaje hace gestos hasta que la dama le dice que el perro no muerde, y entonces le tira un huesito.
Albert Camus (Nobel a los 44 años) escribió cien veces el comienzo de "La peste". Dostoyevski inició el relato "Las noches blancas" con una serie de banalidades, pero deliberadamente. Así, Amos Oz, devela esa suerte de "contrato" que hay entre el autor y el lector, y que se teje en las primeras palabras de una historia.
Sobre "El otoño del patriarca", de García Márquez, dice Amos Oz que pretende ser leído "como una larga frase ininterrumpida". Y es así que logra consolidarse un aire delirante, de novela carnavalesca, con toques kafkianos.
Ateniéndose a los inicios de piezas sustanciales de la literatura, de los pequeños detalles que enriquecen la pieza escrita y que al notarlos el lector comprende mejor y se enriquece, Amos Oz nos lleva al mundo de ilustres plumas. Con sobriedad y sutileza, seduce y enseña este escritor impar.
NOVEDADES EDITORIALES. El periodista John Lee Anderson ha reunido en "El dictador, los demonios y otras crónicas" (Anagrama/Gussi), una colección de sus reportajes aparecidos en el "The New Yorker". Por estas páginas desfilan García Márquez, Fidel Castro en una Cuba sin salida y, entre otros, el locuaz Hugo Chávez, en su insólita Venezuela. Este periodista no da nada por sobreentendido, y cala hondo en sus artículos.