Colecta infeliz

Trascendió que una colecta entre diez empresas, a razón de 15.000 dólares cada una, permitirá financiar la ceremonia de asunción de José Mujica el 1º de marzo. De ese modo se evitaría que el Estado asuma el gasto de 150.000 dólares, un ahorro que el presidente electo aprecia como señal de la austeridad que impondrá en su gobierno.

Más allá de sus buenas intenciones ese mecanismo resulta inadecuado.

En una democracia la instalación de un nuevo gobierno tiene un alto significado. Entre otras cosas expresa el respeto a la decisión del soberano y confirma la saludable rotación en el poder. País sin fastos ni pompas excesivas, con una tradición de sobriedad republicana, Uruguay siempre celebró el cambio de mando con entusiasmo, pero sin estridencias. Quizás una excepción a esta clásica conducta fue el último cambio de gobierno, en 2005, cuando Tabaré Vázquez sorprendió con una imponente y costosa ceremonia de asunción montada ante el Palacio Legislativo.

En contraste con Vázquez, Mujica proclamó que la jornada del 1º de marzo se haría al menor costo posible. Primero se dijo que su financiación provendría de un grupo de amigos del nuevo presidente; luego se indicó que los fondos saldrían de las sumas otorgadas por el Estado al sector político de Mujica, Espacio 609, en función de los votos obtenidos.

Sin embargo, a la postre, serán diez empresas las que pagarán el acto de asunción, lo que parece inconveniente. Aunque limitado, el presupuesto estatal puede afrontar el pago de los 150.000 dólares una vez cada cinco años sin necesidad de estar pasando el sombrero ante los empresarios privados. La asunción de un nuevo presidente justifica con creces ese desembolso.

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