DIEGO FISCHER
Al parecer y luego de mucho reclamar las autoridades se han hecho eco de lo que a esta altura era un clamor de comerciantes, operadores turísticos y ciudadanos comunes. Me refiero a las medidas adoptadas por la jueza de Maldonado Adriana Graziuso que -en sintonía con la Policía local- ha ordenado el retiro de Punta del Este y las zonas aledañas de personas con antecedentes penales que no tenían cómo justificar su presencia en estos lares. Lo que ha hecho Graziuso no es más ni menos que aplicar la ley y de esta manera enviar un claro mensaje de que las normas están para ser respetadas.
Las personas que fueron conminadas a abandonar Maldonado son todos individuos con extensos historiales delictivos y que de por sí-aunque aparentemente no hayan cometido nuevos delitos- estaban violando la disposición legal que les permitió salir de la cárcel y que les obliga a informar al juzgado que lleva su causa, cualquier cambio de domicilio.
La medida puede sonar antipática. Y lo es. Pero aquí no se trata de simpatías, ni de dejar contenta a una tribuna de un sector político determinado que todos sabemos de qué pelo es; sino tener claro qué representa el turismo para el Uruguay y particularmente Punta del Este y toda su zona de influencia.
Según cifras oficiales el ingreso por Turismo superó en el 2007 y 2008 los US$ 800 millones anuales. Las inversiones en infraestructura turística alcanzaron cifras récords en igual período.
¿En qué se traduce esto? En trabajo para decenas de miles de compatriotas y muchos recursos para las arcas municipales y estatales. Así de simple.
La seguridad es uno de los elementos fundamentales que los visitantes extranjeros ponen en la balanza a la hora de elegir un destino turístico. Esa seguridad es la que lleva a miles de paulistas de altísimo poder adquisitivo, a pagar cifras siderales por el alquiler de residencias en Punta del Este en el período que va desde el 24 de diciembre al 6 de enero. El poder caminar sin mayores preocupaciones a cualquier hora del día y de la noche es lo que atrae -cada vez en mayor número- a europeos y norteamericanos.
Estar en sus casas sin temor a ser víctimas de rapiñas o salvajes copamientos es lo que sigue seduciendo a los argentinos, que viven en su país una ola de inseguridad sin precedentes.
Es bueno entonces recordar que la seguridad es un bien muy preciado que genera la confianza que luego produce fuentes de trabajo de calidad para los uruguayos. También es importante tener presente que aquello que costó décadas o una vida ganar, se puede perder en un par de horas por negligencia, inoperancia, desidia o por confundir ejercicio de la autoridad legítima con mano dura y represión.