Madrid | La restricción calórica -comer un 30% menos de lo normal sin descuidar ni un nutriente esencial- es el método mejor conocido para alargar la vida de levaduras, gusanos, moscas y ratones. Desde este año sabemos que el método también funciona en macacos, y pocos científicos dudan ya de que lo haría en nuestra especie.
Gran parte de la investigación sobre el envejecimiento consiste en buscar una forma de limitar la restricción calórica que no implique pasar hambre (y durante 100 años). Los científicos han hallado este año el primer fármaco capaz de prolongar la vida de un mamífero (el ratón). Es el primer éxito de Intervention Test Program, un plan sistemático de los Institutos Nacionales de la Salud de EE UU para buscar fármacos antiedad entre los que ya están en uso. El fármaco es la Rapamicina, un inmunosupresor utilizado en pacientes que han recibido un trasplante. Los ratones la empezaron a tomar a una edad avanzada, y el tiempo que les quedaba de vida se alargó un 28% en machos y un 38% en hembras.
Los ratones empezaron a tomar la Rapamicina cuando tenían 600 días de edad, más o menos equivalente a una persona de 60 años. En un país occidental, esa persona espera vivir otros 25 años como promedio. Si los resultados pudieran extrapolarse al ser humano, la Rapamicina le regalaría otros 7 años al hombre y 10 a la mujer.
GRIPE. Uno de los hechos del año en medicina fue el virus H1N1, que se ha propagado por todo el mundo. El nuevo virus ya es la principal cepa circulante en la población mundial, y los científicos ven muy probable que en pocos años se convierta en la gripe estacional o convencional. Asistimos en directo, por tanto, a la génesis de la cepa viral que acompañará a la especie humana durante buena parte del siglo XXI.
El nuevo H1N1 es el virus de la gripe más complicado de cuantos se conocen -lleva genes de un virus humano, otro aviar y dos porcinos distintos-, pero también los virus que causaron las pandemias de 1957 y 1968 tenían una naturaleza mestiza; provenían de la mezcla de virus aviares y humanos. Ahora se suma el cerdo.
El nuevo virus mata más jóvenes que viejos, al revés que el estacional. EL PAÍS DE MADRID