GUILLERMO ZAPIOLA
Hace unos días, y tras escuchar que Jeff Bridges era candidato a varios premios como actor, una aficionada al cine generalmente bien informada le preguntó a este cronista: "¿Quién es Jeff Bridges?". Tras algunos esfuerzos lo ubicó.
Bridges está nominado en el rubro de mejor actor para los Independent Spirit Awards, el Globo de Oro, los Sag y los Satellite Awards, y ha sido premiado por la Asociación de Críticos de Los Angeles, por su labor en Crazy heart, opera prima del director Scott Cooper. La historia, adaptada por el propio realizador a partir de una novela de Thomas Cobb, tiene que ver con un cantante de música `country` en decadencia que se enamora de una joven periodista (Maggie Gyllenhaal), al tiempo que le proponen escribir una canción para otro cantante más joven y en ascenso. Podría ser su segunda (o última) oportunidad, tanto a nivel personal como profesional, pero las cosas no serán fáciles.
Para quien claramente ha resultado una oportunidad es para el propio Bridges (él mismo estimable compositor de canciones y ejecutante de guitarra), quien parece sólidamente instalado en la carrera de los preliminares del Oscar por su actuación en esta película. No estaría mal que lo ganara: ya ha sido nominado cuatro veces al premio de la Academia y cuatro a los Globo, sin haber obtenido ninguno. Aunque este año van casi seguramente competidores formidables: por lo menos, el Mandela de Morgan Freeman para Invictus, y el profesor `gay` de Colin Firth en A single man.
Y hay que volver a la pregunta del principio: "¿Quién es Jeff Bridges?". La anécdota narrada puede parecer muy puntual, pero resulta reveladora. Brid- ges es el típico "actor invisible", un profesional riguroso y con talento que no suele llamar la atención sobre sí mismo, y cuya presencia en pantalla está siempre al servicio de la historia que se cuenta. Un intérprete "natural", vigoroso y carente de divismo de cuyas películas el espectador no sale diciendo "qué bien que está Fulano" sino, más bien, "buena película". No hay nada más difícil (ni más difícil de apreciar) que la naturalidad en el cine, y por eso tanta gente cree que Marlon Brando fue un buen actor y casi nadie se fija en Viggo Mortensen o en Tommy Lee Jones.
Y sin embargo, Bridges lleva la actuación en la sangre. Hijo del famoso (sobre todo en la televisión) Lloyd Bridges, hermano del menos notorio Beau (que hizo de su hermano en Los fabulosos Baker Boys, 1989), trabajó alguna vez junto a su padre, siendo un niño, en la serie Caza submarina (1958). Su verdadera carrera comenzó después, e incluye trabajos para Peter Bogdanovich (La última película, 1971; Texasville, 1990), John Carpenter (Starman, 1984), Sidney Lumet (La mañana siguiente, 1986), Francis Coppola (Tucker, el hombre y su sueño, 1988), Terry Gilliam (Pescador de ilusiones, 1991), los Coen (El gran Lebowski, 1998) y muchos otros. Éste puede ser finalmente su año.
Un largo ejercicio de espera
Jeff Bridges tiene en su haber cuatro candidaturas al Oscar (tres como secundario, una como protagonista), cuatro a los Globo de Oro (una secundaria, tres protagónicas), cuatro a los Independent Spirit (ganó una, por American heart, 1992), cuatro de la Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y horror (ganó una, por Starman, 1984), cuatro a los Satellite Awards) y varias distinciones menores. Recientemente, la Asociación de Críticos de Los Angeles lo premió por Crazy heart. En 2000, el Festival de Boston le otorgó un "premio a la excelencia".