CERRO LARGO | NÉSTOR ARAÚJO
La escuela 71 de Campamento terminó el año con dos alumnos. El fin de curso suele despertar el temor en pobladores rurales de quedarse sin escuela al año siguiente, preocupación que parece acentuarse con el despoblamiento de la campaña.
Sin embargo, el inspector de Primaria de Cerro Largo Wilson Fernández aseguró que "mientras haya un alumno esa escuela va a permanecer abierta".
Victoria Jara Muniz es la única alumna de la zona que asiste a la escuela 71; este año pasó a cuarto. "La verdad es que siento un cariño muy especial por Victoria, cuando no estoy con mi hijo es como si fuese una hija". Así habla la maestra rural Ivone Ibarra, de 29 años, oriunda de Treinta y Tres, quien a diario da clases a Victoria y a su hijo.
Victoria, la maestra Ivone y su hijo Luis Alberto, son los tres artífices de que hasta ahora la escuela, ubicada a unos 45 kilómetros de Melo, siga abierta.
La familia de Juan Jara, únicos pobladores en varios kilómetros a la redonda, es la que repara los alambrados y hace el mantenimiento del local de enseñanza Primaria.
"La única forma que la escuela permanezca abierta es que mi hija Victoria, que terminó tercero, siga concurriendo, pero el año que viene tengo a mi nieto Marcos que va a aumentar la matrícula", cuenta Jara, que hace 60 años vive a dos kilómetros de la escuela. Pese a la cercanía, para llegar debe atravesar un agreste monte que cuando llueve sólo puede hacerlo a caballo o caminando. La zona de la escuela es de difícil acceso para los lugareños y mucho más para quienes llegan de otros lados.
La esposa de Juan es la auxiliar de servicio de la institución. Son personas mayores y no hay más chicos en edad escolar salvo el nieto de Jara, que debe mudarse a lo de sus abuelos para hacer sus estudios preescolares. "Lo único que puede cambiar la situación es que se radique alguna familia con niños que puedan asistir a la escuela", manifestó Jara, señalando el Sur donde dice que avanza la venta de campos y crece la forestación.
UNA ABANDERADa. La jornada escolar transcurre de la misma forma que en cualquier escuela.
Cuando hay un acto la que toma el Pabellón Nacional es Victoria; la bandera de Artigas y la de los Treinta y Tres deben permanecer en los mástiles de la institución por no haber alumnos que las porten y escolten. La única particularidad es que el horario de clases es entre las 10 y las 15 horas.
Victoria también almuerza en la escuela. "En el recreo jugamos todos: mi hijo, Victoria y yo", señala la maestra. "Si está lindo salimos al sol y hacemos la clase al aire libre, pero cuando hace frío nos ubicamos en un rinconcito del aula junto a la estufa", relata. La enseñanza se basa en el programa común de todas las escuelas. La docente destaca que la alumna es muy dócil, muy responsable y tiene mucha predisposición a aprender. Victoria vive en medio del campo con sus padres. Los fines de semana la visita su hermana, quien el año pasado emigró a Melo para ir al liceo. Viven de la cría de ganado vacuno, cerdos, ovejas y aves.
La situación de la escuela de Campamento se asemeja a la de otras tres en Cerro Largo: las instituciones de Puntas del Quebracho, la de Falda de Sierra de Ríos y la de Cañada Brava tienen dos alumnos cada una. Y hay una decena de escuelas, perdidas en los más alejados lugares, a las que concurren sólo hasta cinco alumnos.
El año que viene Ivone ya no regresa. "Debo elegir una escuela en Treinta y Tres porque estoy embarazada", manifiesta la maestra. "Créame que fue una experiencia inolvidable y esperemos que esta zona se vuelva a poblar para que no se concrete el temor de Juan y su esposa: el cierre de la escuela".
La odisea de ir a dar clases
La maestra Ivone Ibarra es de Treinta y Tres. A la escuela de paraje Campamento en Cerro Largo llega los lunes y vuelve a su casa el viernes de tarde -si la cañada da paso-. Para llegar a la escuela viaja 90 kilómetros en ómnibus hasta Arbolito. Luego va a la Seccional 10ª a buscar su cuadriciclo que tiene una zorra donde carga el equipaje y a su hijo, que cursa primer año. Desde la ruta a la escuela hace 15 kilómetros y luego dos más por el campo donde debe pasar dos cañadas, que se inundan si llueve.