MATÍAS CASTRO
A partir de ciertos hechos que se han visto en estos dos últimos días surge una pregunta: ¿Por qué un hombre, supuestamente ofendido a muerte, amenaza duramente con pegarle a otro, y cuando se lo cruza en persona se limita a cambiar insultos? Teniendo en cuenta que se trata de un lío televisado, la primera respuesta que se puede arriesgar es que se trata de un gran show montado. O al menos un espectáculo de gente ofendida que fuerza un poco sus sentimientos para ganar algo de rating. Los protagonistas, como muchos podrán intuir, son los argentinos Matías Alé y Ricardo Fort.
Fort es el personaje farandulero de moda en este momento. Todos los programas quieren entrevistarlo. Muchos en el ambiente del espectáculo se desviven por participar en sus fiestas. Los opinólogos televisivos dedican horas a hablar sobre quién es y lo que hace. Es más o menos el lugar que ha ocupado Matías Alé en años anteriores, aunque con la diferencia nada menor de que Fort tiene el dinero que Alé no tendrá en cinco vidas más. Pero ambos son la clase de bufones carismáticos que parte de la televisión precisa, no tienen mayores méritos propios (Alé llegó por haber sido pareja de Graciela Alfano, Fort por ser millonario). Los dos son personajes mediáticos que, de haber sido creados por el mejor guionista de cine, no serían más llamativos de lo que son.
El encontronazo entre ellos en la noche del miércoles, en los estudios de Showmatch, le dio al programa un pico de rating de 33.6 puntos en Argentina. Y esa es una cifra a la que pocas veces llegó el programa de Tinelli este año. Los dos habían prometido pelea. Alé llegó rodeado de boxeadores y Fort estaba con sus guardaespaldas, generando un clima de tensión que tenía más de payasada que de otra cosa. Fueron el centro de las miradas, y al día siguiente el centro de los comentarios. Y todo fue una nueva farsa mediática.