Obama se juega

A menos de un año de asumir la Presidencia, Barack Obama ha bajado en mucho su popularidad. Es que le tocó bailar con la más fea, porque esa herencia que recibió de su antecesor, bien puede ser adjetivada como maldita, y maldita de verdad. En lo referente a la economía, el plan de recuperación que demandó un esfuerzo gigantesco, no ha dado los frutos esperados, y tampoco se puede decir todavía hasta qué punto no ha dañado a los bancos estadounidenses el problema generado en Dubai.

A ello se le agrega el drama de la guerra, concretamente en Afganistán, con el anuncio del envío de treinta mil efectivos a reforzar más de cien mil soldados que allí están radicados, pertenecientes a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN y a la coalición bajo el mando norteamericano que derrocó a los talibán a fines de 2001.

Hoy no se le puede reprochar al Presidente de los Estados Unidos una mera intención belicista. La guerra en Afganistán es muy difícil por la resistencia, favorecida por la orografía del país, particularmente compleja, que obstaculiza el despliegue de las fuerzas militares.

El costo que este refuerzo habrá de demandar, será elevadísimo, en vidas humanas ante todo, y desde luego, en lo económico, pues ya se han invertido en esta guerra ciento setenta mil millones de dólares. Pero la disposición inquebrantable del Presidente es que esta empresa no exceda los diez años de ejecución, teniendo en cuenta los siete y medio que van desde el primer ataque dispuesto por Bush. Estaba y está en juego nada menos que la seguridad de la primera potencia del mundo contra el peligro de los talibán y el grupo terrorista de Al Qaeda, pero Bush después se dispersó con una guerra incomprensible contra Irak, mal mirada por el mundo.

Está muy lejos de poderse aventurar que este empeño pueda prosperar. Anteriormente, el fracaso de la ex Unión Soviética, con el doble de soldados invadiendo Afganistán, emitió una señal de alerta que sigue encendida para advertir sobre la magnitud de las dificultades. Pero Obama resolvió jugarse.

Es una decisión tan difícil como riesgosa.

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