La "verdad" por unos dólares más

MATÍAS CASTRO

Todo el mundo recuerda a Pamela Anderson de cuando usaba un bikini rojo y corría por la playa en Baywatch. Pero eso fue hace más o menos una década, cuando ella tenía 32 años. Muchos también la recuerdan de sus primeras y sorpresivas apariciones en la revista Playboy, cuando se convirtió en un sex symbol mundial. Pero eso fue en 1990, cuando ella tenía 24 años. Hoy es mayor, pero mantiene ese aire sexy y un nombre que vale en los medios. Pero ya no es lo mismo.

Días atrás apareció en un programa de televisión estadounidense, llamado The Jeremy Kyle Show, calificado como sensacionalista. Allí estuvo hablando con supuesta naturalidad sobre su vida privada, e incluso contó cómo le explicó a sus hijos de 10 y 11 años la historia del video pornográfico casero que filmó con una ex pareja suya. "Sólo les dije que mamá y papá estaban muy enamorados y lo filmaron en video. Les dije que es probable que en el colegio vayan a escuchar algo sobre esto". Vaya uno a saber qué piensan ahora esos niños, porque es algo que ha quedado fuera de la exposición pública (cosa que no ocurrió con el video, que aún circula por Internet). Lo cierto es que el video puede inspirar varias cosas, pero el profundo amor entre los protagonistas no es lo primero que sugiere.

En el programa también habló de drogas y alcohol, cosas de las que, por supuesto, dijo que las había probado pero no le gustaban. ¿Algún día un sex symbol que viva de su cuerpo admitirá que le gustan? Pamela ha sido fotografiada en decenas de fiestas con roqueros y otras figuras, pero insiste con esto. Hay que limpiar la imagen. Se dice que el motivo de la entrevista estuvo en que necesita dinero; después de todo, no tiene demasiado trabajo más que apoyar campañas ecológicas y ha confesado estar en bancarrota. Aún así, dijo lo que quiso.

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