Entre el humor, el cine y la música

En el cine de Stoll sí hay un hilo conductor: el humor cáustico, que despliega con maestría a través de personajes que suelen aceptar con hidalguía cierto destino de ridículo, que finalmente los hace adorables.

También, en la inserción de escenas casuales que se desarrollan en segundo plano, en un vértice de la pantalla y que minan a través del disparate cualquier incipiente tendencia al drama de los personajes centrales.

Hiroshima es, como dijo su director, un homenaje a Rebella en la presencia de ciertos paisajes y caras amigas y también en la música, porque varios temas de la potente banda sonora fueron escritos por aquél.

Pero es además un homenaje al cine, a todas aquellas películas que Stoll veía desde adolescente en Cinemateca Uruguaya con su carné de estudiante: hay guiños al western y a los estadounidenses David Mamet y Hal Hartley. Y a la música, que traza un mapa minucioso de los estados de ánimo del protagonista y parece conducir al espectador, a veces con inusitada calma y otras con vehemencia, hasta ese paraje íntimo e inmaterial donde se gestan los pensamientos. La banda sonora tiene canciones de Genuflexos, Danteinferno y Perdonalos Garrido!

Aparte de Juan Andrés Stoll, el film tiene en el elenco a otros dos Stoll: Guillermo y Mario. El resto del equipo es habitual en los films de la productora Control Z: el fotógrafo Arauco Hernández, y el director artístico Gonzalo Delgado Galiana.

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