Diferencias pueden resultar en armonía

| Reconocer el valor del esposo para hacerlo sentir triunfador. La condición masculina lleva a competir, dominar y ganar.

Ana María Abel

Lic. Ciencias Familiares

En una entrevista La diseñadora Carolina Herrera manifiesta: "Creo que los matrimonios no funcionan bien cuando empieza la rivalidad. Cada uno en su lugar: no hay por qué competir con el hombre porque la vida se hace imposible. Llegamos más lejos si no perdemos la femineidad".

Según CH las mujeres adictas a su marca son activas, independientes "de mentalidad" y elegantes. Considera mujer activa a la que tiene familia y trabaja. Es independiente "de mentalidad" cuando utiliza el apellido de su marido no como signo de dependencia sino de libertad: "Te casas con alguien y eliges usar su apellido".

Carolina Herrera se toma en serio la radical igualdad de hombres y mujeres en cuanto personas, así como las naturales diferencias que hacen complementarios a los dos sexos.

Recordemos que a Ulises sus conquistas no le significaban nada si no eran reconocidas por Penélope. ¿Lo calificaríamos como un "dependiente sin personalidad"? De ninguna manera, simplemente era varón y de nada le servía ser rey de Itaca si, a la vez, no era soberano de su familia. Porque para un varón, ser reconocido es sinónimo de ser admirado. Penélope tuvo muchos pretendientes mientras Ulises guerreaba en Troya. Intuitiva e inclinada al cuidado de las personas, inventó el ardid de que no se casaría hasta terminar de tejer la mortaja para Laertes. Según la leyenda, cada noche deshacía la labor que había completado durante el día. Por este medio evitó tener que elegir un marido hasta reconocer a Ulises bajo su apariencia de mendigo: así fue premiada su larga espera. El relato mitológico perfila algunos rasgos exclusivos de la persona femenina como el gusto por lo concreto, la intuición y creatividad para cuidar de las personas, la complejidad de razonamiento y la capacidad de espera.

La condición masculina inclina a objetivar, dominar, competir y ganar. Si un hombre tiene a una mujer que no reconoce su valía y compite con él o le recrimina que le dedica poco tiempo a ella o a los hijos, lo hace sentir "perdedor", en ese aspecto. Esa calificación no conectan con el sano orgullo masculino. Una mujer inteligente acompaña la competitividad varonil y su capacidad de medirse en los retos y de afrontarlos, pero no la vive como motivo de enfrentamiento. Sabe ver su lado bueno ya que, la virilidad bien utilizada, enseña a los hijos a ganar y a perder. Y ambas actitudes los preparan para el futuro.

(flia@iuf.edu.uy)

El matrimonio protege a los hijos.

Maggie Gallagher, estudiosa del matrimonio, observa que el vínculo jurídico protege a los hijos ya que reduce la pobreza infantil, aumenta la probabilidad de que tengan una relación cercana con sus padres, es más probable que les vaya bien en la escuela y terminen sus estudios.

El valor de las fiestas infantiles.

Si facilitamos a los niños pequeños, situaciones de relación con sus iguales en fiestitas infantiles, en diferentes ámbitos de la guardería o en otros entornos, vamos enriqueciendo de esa manera sus habilidades de relacionamiento social.

Valiosos silencios.

Hay muchas manifestaciones de cariño que no lo parecen a primera vista. Por ejemplo, el hecho de "morderse la lengua" hasta pasada la tormenta. Cuando vuelve la calma se logra la exposición de los propios puntos sin apasionamiento ni acidez.

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