Los cineastas totalitarios del Siglo XX dependieron de artistas e intelectuales de un mismo pensamiento para rehacer a la sociedad. Eisenstein habló de construir un nuevo "Hombre Soviético", mientras Mussolini fundó una revista y el Centro Sperimentale di Cinematografia, una escuela de cine profesional que todavía existe. Hugo Chávez no.
El presidente venezolano encuentra poco uso para los intelectuales y artistas, en tanto los estudiantes son sus enemigos declarados. Destacados pintores y escultores han abandonado o han sido expulsados de los museos públicos y centros de exposiciones (Chávez clausuró el Ateneo de Caracas, en mayo) y se han refugiado en galerías de arte privadas. En fecha reciente, el Presidente prohibió a los elencos de teatro independiente en los escenarios públicos y hasta desechó los logos que famosos artistas habían creado para cada uno de los 35 museos oficiales de Venezuela y teatros, remplazándolos por dibujos primitivos de un perro y una rana.
Los partidarios de Chávez argumentan que está derribando paredes que mantuvieron a las artes recluidas y en manos de una camarilla pequeña y rica. Sin embargo, los resultados no han sido muy alentadores. En otros tiempos, Caracas hizo alarde de algunas de las más ricas colecciones de artes plásticas en Latinoamérica.
Ahora, los museos dirigidos por chavistas dejaron de comprar obras de "elite" y la concurrencia ha disminuido. El analfabetismo está en ascenso. El triunfo indiscutido de llevar la cultura a las masas -la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, que ha enseñado música a lo largo de los asentamientos marginales- comenzó un cuarto de siglo antes de que Chávez llegara al poder.
"Esta debe ser la única revolución en la historia sin intelectuales, estudiantes ni poetas", sostuvo Diego Arria, ex embajador venezolano ante Naciones Unidas. "La gente no se da cuenta, pero este no es un gobierno socialista. Es un gobierno militar".