Mujer emancipada en la década del treinta

JORGE ABBONDANZA

Cuando Susana Soca murió en un accidente aéreo en el aeropuerto de Rio de Janeiro, el poeta Carlos Sabat Ercasty dijo que esa muerte estaba "envuelta en el misterio de las alas". Otros uruguayos también murieron envueltos en el misterio de las alas, desde Carlos Gardel hasta Ángel Rama (con su mujer Marta Traba), demostrando el riesgo que corre al andar por los aires una especie como la humana, que no fue creada para volar. Algo similar le ocurrió en 1937 a la norteamericana Amelia Erhart, una pionera de la aviación sobre la cual en estas páginas ya se ha dicho algo últimamente. Luego de despegar en Nueva Guinea, Amelia desapareció sobre el Pacífico, pero en su caso se agregó otro misterio, porque los restos del avión nunca se encontraron. El hombre no es un pájaro -como diría Robert Altman- y las mujeres tampoco.

La aviación ha tenido una larga historia en cine, desde Alas o Dos en el cielo hasta variantes musicales como Volando hacia Rio, donde las coristas bailaban sobre las alas de los aviones para amenizar a los cariocas que las contemplaban desde la terraza del Copacabana Palace. Esa lista de películas se multiplicó en la época de la guerra mundial, pero ha proseguido luego, como lo confirma el éxito de Aeropuerto y lo reitera luego El aviador de Scorsese, aunque el desarrollo de los vuelos espaciales ha devaluado el prestigio de la aviación para llevar los temas a otras alturas. En medio de todo ello, empero, el caso de Amelia Erhart fue trágico y resultó tan famoso que según dicen se han escrito alrededor de cien libros sobre sus hazañas.

Lo que explica esa fama no es tanto la lista de sus récords de aviación como el carácter de esa mujer que desafió no solamente las leyes de gravedad sino los prejuicios culturales que vedaban a las mujeres unas cuantas cosas, entre ellas el oficio de pilotear un avión. La época en que Amelia hizo su carrera voladora, era un tiempo en que sus congéneres no tenían igualdad de derechos civiles y ni siquiera podían votar en la mayoría de los países. Pero la aviadora estaba dispuesta a combatir esa mentalidad, asumiendo -quizá sin quererlo- el papel de una precoz heroína del feminismo. Había obtenido su licencia de piloto en 1921, superó todas las marcas anteriores logradas en el aire por su sexo, cruzó el Atlántico en 1928 y hasta escribió un libro sobre esa experiencia.

La nueva película sobre su vida, que se llama Amelia y se estrena en estos días en Estados Unidos, está dirigida por la india Mira Nair, que tiene carrera previa (Salaam Bombay, La boda), y está protagonizada por Hilary Swank, una flaca que ya obtuvo dos Oscar por sus papeles en Los muchachos no lloran y Million Dollar Baby. Ambas mujeres han confesado su entusiasmo en torno de esta biografía y del atrevido personaje que recrean para conocimiento de la gente de hoy, siete décadas después de la muerte de Erhart, en una época donde se calcula que hay unos 17.000 aviones en vuelo en cualquier momento sobre este mundo. Es probable que ni siquiera Amelia se lo haya imaginado.

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