La voltereta

Por estos días, más y más ejemplos de doble discurso, de duplicidad, de actitudes maniobreras del actual gobierno, van quedando en evidencia. Pero frecuentemente, sin siquiera parpadear, los hoy aspirantes a un nuevo quinquenio del Frente Amplio en el poder, buscan desmentir aquello que les resulta políticamente inconveniente. Por esta última razón, conviene ir a la evocación de hechos reales, concretos, imposibles de negar. Veamos un tema.

Hace poco, los uruguayos quedaron impresionados por las cifras de nuevas designaciones hechas en la órbita estatal. Mil quinientos nombramientos directos sólo en el último año. Todo lo cual llevó a que ahora existan algo más de 242.000 funcionarios, o sea casi 14.000 más que cuando se instaló, el 1º de marzo de 2005, la administración Vázquez.

Esta evocación del 2005 es oportuna porque lo relativo a los nombramientos de funcionarios es una de las grandes mentiras manejadas ya en los inicios de la desastrosa administración actual. Veamos.

En aquellos momentos, cuando se empezaban a esbozar algunos de los encaminamientos del gobierno del presidente Vázquez, el subdirector de la Oficina Nacional de Servicio Civil causó sorpresa generalizada al anunciar con franqueza que se abriría la puerta a la designación de empleados públicos, derogando prontamente la ley 16.127, sancionada durante el primer año de la presidencia del Dr. Luis Alberto Lacalle y que impedía nuevas incorporaciones de funcionarios hasta el año 2015.

De inmediato, el entonces ministro de Economía y Finanzas, Cr. Danilo Astori, se presentó ante las comisiones de Hacienda de las Cámaras de Representantes y de Senadores, descartando de plano y con aparente seriedad, que se fuera a levantar la prohibición legal para el ingreso de nuevos empleados. Es más: aseguró que existía la voluntad de "evitar" las violaciones a dicha norma.

Pero he aquí que en cuestión de meses, la ley 16.127 quedó derogada.

De inmediato empezó la gran voltereta: una ola de nombramientos, que nos condujo a estar como estamos. Es decir, plantados en medio de una situación de crecimiento burocrático y clientelismo político innegables.

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